"Mija si quieres que yo sea sincero, ya tengo rato portando el sombrero, sí soy malandro y ¿pa' qué tanto pedo?". El verso forma parte de un tema interpretado por Grupo Aztteca en colaboración con Luis R. Conríquez y Óscar Maydon. En cualquier otro contexto, podría tratarse de una canción más de regional mexicano, sin embargo, en Sinaloa pesa de forma distinta tanto por la interpretación de su letra como por convertirse en la música de fondo de la última publicación que el influencer César Gastélum realizó en redes sociales.
Fue la noche del martes 4 de agosto cuando un ataque armado terminó con la vida de aquel creador de contenido. El homicidio quedó registrado en video toda vez que César Gastélum se encontraba realizando una transmisión en vivo al momento en el que dos hombres a bordo de una motocicleta se aproximaron a él y detonaron un arma de fuego en su contra.
Al respecto, el Gabinete de Seguridad informó que entre las líneas de investigación por el asesinato del influencer se encontraban una serie de publicaciones que realizó en plataformas digitales, las cuales contendrían alusiones a una de las dos facciones del Cártel de Sinaloa en pugna.
Si bien el caso se sumó al de una serie de asesinatos de influencers que han ocurrido en Sinaloa desde el estallido del conflicto entre Los Chapitos y Los Mayos, más allá de identificar a los autores intelectuales y materiales de los crímenes, el fenómeno ha revelado cómo, en la era digital, la guerra también se libra en redes sociales.
La ‘narcoguerra’ de Los Chapitos y Los Mayos en el ciberespacio
El 25 de julio de 2024 Ismael El Mayo Zambada fue arrestado por agentes del Buró Federal de Investigaicones (FBI, por sus siglas en inglés) en un aeródromo cercano a El Paso, Texas luego de haber sido emboscado y secuestrado por Joaquín Guzmán López, hijo de su ex socio Joaquín El Chapo Guzmán.
La traición al también llamado Señor del Sombrero detonó una guerra intestina en el Cártel de Sinaloa la cual se anunció a la opinión pública el 9 de septiembre del mismo año. Fue a través de diversas plataformas digitales en donde comenzó a circular un video en el que se escucha una frecuencia de radio en donde un presunto lugarteniente afín a Los Mayos ordena a sus subordinados expulsar a Los Chapitos de Culiacán.
A la difusión de dicho video le siguió la violencia. Una jornada de ataques, bloqueos y enfrentamientos armados protagonizados por las unidades sicariales de ambas facciones en disputa azotó la capital sinaloense al tiempo que en el ciberespacio la guerra narrativa también se abrió paso.
Desde años atrás organizaciones delictivas ya habían visto en las redes sociales la oportunidad de enviar mensajes tanto a población civil, como a autoridades y rivales. La fórmula solía ser la misma: hombres embozados, fuertemente armados y portando algún distintivo del grupo criminal al que pertenecen enuncian un discurso o interrogan a víctimas cuyas ejecuciones también quedan registradas en video como método de amenaza e intimidación.
Anunciar su llegada nuevos territorios, deslindarse o atribuirse hechos delictivos e incluso dirigir mensajes directos a autoridades también han motivado a difusión de distintos materiales en redes sociales, no obstante, en el caso específico del conflicto entre Los Chapitos y Los Mayos el uso de las plataformas digitales por parte de grupos criminales no sólo se avivó, sino que encontró la forma de manipular narrativas en favor o en contra de cada uno de los grupos en disputa.
La manipulación de información
El crimen organizado ha logrado apropiarse del contenido simbólico dentro de las redes sociales. En entrevista con MILENIO, la maestra Alejandra Arias, investigadora del Semanario sobre Violencia y Paz del Colegio de México, explicó que grupos delictivos recurren a distintos elementos como, por ejemplo, determinados emojis, hashtags o recursos musicales, para marcar su presencia en el terreno digital con distintos objetivos.
Desde el reclutamiento y hasta la difusión de narrativas, en el entorno digital cobra relevancia el uso de los distintivos que los mismos grupos delictivos han adoptado. Por ejemplo, en Sinaloa, el uso de una pizza hace alusión a la facción de los hijos del Chapo Guzmán, mientras que los sombreros o los caballos aluden a Los Mayos.
Son precisamente dichos detalles los que en redes sociales suelen revelar la afinidad de sus autores sobre alguna u otra facción. Con frecuencia, aquellos que suelen utilizar una pizza como distintivo se encargan de difundir información en contra de sus rivales y viceversa.
Si bien algunos datos pueden ser verídicos, la mayoría suelen ser modificados en miras no sólo de generar un rechazo al grupo criminal señalado sino también con la intención de erosionar la moral de sus filas en miras de motivar una deserción o traición que los debilite.
El uso de inteligencia artificial para alterar 'narcomantas', fotografías o videos también es un recurso al que grupos del crimen organizado han recurrido para manipular información y buscar, a toda costa, cierta ventaja sobre sus rivales y autoridades a través de plataformas digitales.
A dicho contexto se suma también lo que el periodista especializado en crimen organizado, Óscar Balderas, define como un "sistema de delaciones comunitarias", el cual consiste en la habilitación de espacios digitales como chats en WhatsApp o Telegram en donde con frecuencia se difunden denuncias, sin pruebas, que suelen llegar hasta jefes de plaza acostumbrados a "hacer justicia por su propia mano".
Del mismo modo, a través de folletos o posteos en redes sociales, grupos criminales han invitado a la ciudadanía a contribuir en el combate a sus rivales a cambio de dinero y garantizando el anonimato. La práctica también ha puesto en riesgo a personas inocentes acusadas de forma infundada por algún conflicto menor.
Es así como el flujo de información en redes sociales también se ha convertido en una pieza más del rompecabezas criminal de la guerra que libran Los Chapitos y Los Mayos pues su impacto no sólo se queda en el ciberespacio sino que también trasciende a la realidad.
El asesinato de influencers
Aunque muchos de los perfiles que suelen difundir contenido relacionado al conflicto en Sinaloa no suelen mostrar su verdadera identidad, existieron algunos como Camilo Ochoa que abiertamente se pronunciaban sobre la pugna y no dudaban en despotricar en contra de alguno de los grupos en pugna.
Dicho creador de contenido, por ejemplo, solía difundir a través de su canal de YouTube información en contra de integrantes de Los Mayos y sus aliados. Camilo Ochoa fue asesinado en agosto de 2025 en el domicilio que habitaba en Temixco, Morelos.
Al igual que él, otros creadores de contenido han quedado en medio de la guerra intestina del Cártel de Sinaloa tanto por fungir como voceros de alguna de las facciones en conflicto como, presuntamente, brindar apoyo material y financiero. Dicha última premisa fue plasmada en una serie de folletos que fueron lanzados desde una avioneta en Culiacán en enero de 2025.
Los nombres y rostros de diversos influencers fueron plasmados en dichos panfletos que los señalaban como aliados de Los Chapitos. Si bien la mayoría de los apuntados no comparte contenido relacionado al crimen organizado en México, su supuesta vinculación recae en un eslabón clave para cualquier grupo criminal: el financiero.
Una investigación del periodista Óscar Balderas reveló en julio de 2025 que la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) tenía en la mira a al menos 64 creadores de contenido en Sinaloa cuyos perfiles o canales en redes sociales están siendo investigados por estar inflados artificialmente para que las plataformas les paguen grandes cantidades de dinero por venta de publicidad.
El esquema de lavado de dinero consiste en que la monetización de dicho contenido regresa a manos de las facciones del Cártel de Sinaloa y es utilizada para revitalizar su conflicto a través de la compra de armamento, vehículos, sobornos o el mismo pago de las nóminas de sus respectivos aparatos sicariales.
Aunque serán las investigaciones de autoridades las que determinen si los asesinatos de influencers en Sinaloa están vinculados a dichas actividades, lo cierto es que aunque un contenido no aborde explícitamente el tema del crimen organizado o de la guerra entre Chapitos o Mayos, eso no significa que no pudiera estar desempeñando algún tipo de apoyo para alguno de los dos grupos criminales en pugna.
Entre emojis, canciones y hashtags, el crimen organizado se ha infiltrado en el ciberespacio haciendo de las redes sociales -en especial de aquellas con regulación laxa como X o TikTok- el vehículo ideal para compartir narrativas cuyo impacto no se queda en métricas digitales sino en estadísticas sobre la violencia que no ha dado tregua en Sinaloa a lo largo de casi dos años.
ATJ