DOMINGA.– Imagina que eres un traficante de drogas que coloca en este continente un cargamento de armas provenientes de Europa del Este; que los cárteles mexicanos te han pagado una generosa cantidad de dinero –digamos 50 millones de dólares en efectivo–, por esos rifles y municiones; pero lo que parece una bendición se ha vuelto una maldición: después de recoger tu dinero, por ejemplo, en el estado de Sinaloa, te das cuenta que no puedes sacarlo por aire ni por tierra de vuelta al “viejo continente”. Necesitas algo que te ayude a esconder el origen ilícito de tus billetes, tanto efectivo te delataría como un mafioso.
Ahora imagina que cerca de tu hotel hay un casino. Un local donde miles de operaciones financieras se hacen todos los días y la mayoría pasan desapercibidas por un sistema de vigilancia saturado y anacrónico. Mejor aún: a ese establecimiento que está cruzando la calle le gustan los clientes con dinero en efectivo. Así que juntas a 50 conocidos y cada uno cambia un millón de dólares en fichas con la complacencia de los dueños. Ahora, tu dinero sucio ha dado un salto importante: ya tiene una función legal que es jugar al azar, una actividad permitida en México.
Grupos de cinco amigos se juntan en la misma mesa de póquer. Fingen que no se conocen y apuestan como si las fichas fueran infinitas. Unos pierden mucho, otros ganan poco en tiempo récord. Da igual el resultado. Lo importante es “perder a propósito” contra un cómplice que “gana con suerte”.
Al cabo de unas horas, el objetivo se ha cumplido: simular una actividad por un tiempo suficiente y creíble para la autoridad con el fin de que los 50 conocidos vayan a la caja a canjear sus ganancias.
Entregan a unos cheque o transferencia que se registra como ganancias por una actividad lúdica o reembolso por fichas no jugadas; ellos te entregan ese dinero que ahora está limpio: es fruto del azar y no del crimen. Otros piden que directamente hagan la transferencia a una cuenta de banco en el extranjero a la que tienes acceso. El origen legal lo dice todo: “Casino Fulano de Tal, S.A. de C.V.”, una empresa lícita que paga sus impuestos puntualmente.
Así que tú sólo pagas una comisión a tus jugadores, otra tajada al casino y estás listo para volver a Europa con millones en una cuenta bancaria y sin cargar un sólo billete ensangrentado. Perdiste un poco, sí, pero lavaste mucho.
Este esquema, simplificado, es el que detectó el gobierno de Estados Unidos hace tres años y que comprobó hace unas semanas, una red de casinos que lava dinero en apuestas simuladas. En este ejercicio hipotético el casino es una inversión del Cártel de Sinaloa y tú eres un prominente miembro de la mafia albanesa.
Las sospechas de lavado de dinero del clan Hysa
El 12 de noviembre pasado, empleados del Casino Skampa y del restaurante Ochuna, en Ensenada, así como del centro de apuestas Midas Casino, en Playas de Rosarito, fueron desalojados sorpresivamente de sus centros de trabajo. Apenas estaban alistándose para la apertura, cuando un pelotón de funcionarios federales les ordenaron salir de inmediato. En medio del caos, pudieron saber que la Secretaría de Gobernación estaba repitiendo la maniobra con otros 10 comercios de la misma familia empresarial: una redada simultánea desde Baja California hasta Sinaloa.
Ese tipo de operativos no son comunes en México por la cantidad de personal y sigilo requerido. Cualquier filtración puede terminar en una pifia. Pero el personal a cargo de la secretaria Rosa Icela Rodríguez no podía fallar: tenía órdenes firmadas por jueces federales, quienes se activaron a petición de la Fiscalía General de la República por presiones de la Casa Blanca.
Especialmente, las presiones llegaron a México desde la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro, que semanas antes había emitido una alerta roja: la mafia albanesa estaba lavando dinero en México a través de casinos y restaurantes de lujo asociados a casas de apuesta íntimamente ligados a La Mayiza, la facción del Cártel de Sinaloa que se mantiene leal al Mayo Zambada.
Y por “mafia albanesa” se refería a una familia en particular: los Hysa, un clan instalado en el norte del país cuyo árbol genealógico tiene raíces en Elbasan, Albania, cuna de contrabandistas en la época soviética. Ellos son los dueños de esos establecimientos que, presuntamente, están ayudando económicamente a La Mayiza en su guerra contra los hijos del Chapo Guzmán y en sus intentos por ampliar sus negocios sucios en Estados Unidos.
“El grupo del crimen organizado Hysa, integrado por Luftar, Arben, Ramiz, Fatos y Fabjon, ha utilizado su influencia, a través de inversiones y diversos negocios en México para lavar dinero del narcotráfico. Se cree que este grupo criminal opera con el consentimiento del Cártel de Sinaloa”, refirió el pasado 13 de noviembre el gobierno estadounidense, que tiene la lupa también en otras empresas del clan mexicoalbanés pero en Canadá y Polonia.
No es la primera vez que la sospecha del lavado de dinero se eleva sobre el clan Hysa. En 2022, Luftar Hysa gastó millones de pesos en comunicados en los principales diarios del país para deslindarse de investigaciones que apuntaban a su sociedad con El Mayo Zambada, quien entonces se movía en libertad para ocupar el vacío que dejó su compadre Guzmán Loera.
“Son palabras viles. No conozco a Ismael El Mayo. Nunca lo he visto. Mis únicos dones son el carisma y la habilidad para los negocios”, presumía el empresario.
Tres años más tarde, sus negocios han sido cerrados con una orden autorizada por el presidente Donald Trump. Aseguran que el esquema hipotético que presenté al inicio de este texto ocurrió por años con un alto grado de sofisticación. Sus operadores creyeron que nadie los descubriría por lo exótico de la ruta: Sinaloa-Elbasan, México-Albania, América-Europa.
La mafia albanesa y sus alianzas en los Balcanes
En 2022, tuve el honor de ser elegido para una beca periodística otorgada por la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional. El estipendio estaba reservado para 10 periodistas latinoamericanos –entre ellos, yo como el único mexicano–, quienes debíamos resolver una pregunta básica: ¿qué tan infiltradas estaban las mafias balcánicas en nuestros países?
La península de los Balcanes, en el este de Europa, está conformada total o parcialmente por 12 países. Algunos con poca tradición criminal como Montenegro, pero otros con notorias mafias como Albania. Las ‘fis’ –una palabra albanesa para referirse a un clan involucrado con el crimen organizado– son tan famosas en el mundo delictivo como la ’Ndrangheta italiana o la Yakuza japonesa. Leyendas que acuñaron sus propias reputaciones.
Lo primero que hice fue acudir a una de las mayores expertas de la zona: Fatjona Mejdini, directora del Observatorio del Sudeste de Europa de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Trasnacional. Lo hice tras meses de revisiones hemerográficas, entrevistas con diplomáticos, charlas con colegas en Europa y hasta revisiones a bases de datos de extranjeros presos en México. Todo indicaba una tenue, casi inexistente, presencia de las mafias albanesas en nuestro país.
“¿Por qué no encuentro tanta información sobre la mafia albanesa en México, como sí la encuentro de la mafia italiana con Los Zetas o la española con el Cártel Jalisco?”, pregunté a Mejdini y su respuesta me cautivó.
“Porque a los albaneses no les gusta hacer negocios con los mexicanos. Los consideran demasiado violentos. Dan miedo”, me dijo.
La idea me pareció fascinante: la mafia albanesa amedrentada por los cárteles mexicanos, es decir, los criminales balcánicos que en la época del comunismo decapitaban a sus rivales, los amputaban vivos, los aventaban al mar con cadenas, ¿creían que los sinaloenses eran excesivos en sus métodos de control territorial?
La mafia albanesa brotó con fuerza tras los conflictos étnicos de los noventa en Europa del Este. Lo hizo como una red de clanes familiares tradicionales fundados en lazos de sangre, honor y lealtad que vieron en el capitalismo una oportunidad salvaje para hacerse ricos gracias al libre flujo de armas, drogas y trata de personas.
Pero la mafia albanesa no se creó sola. Se auxilió de la ’Ndrangheta –y otras italianas– para adquirir experiencia en los más redituables negocios ilícitos del mundo: los albaneses operaban los principales corredores logísticos y puertos claves como Rotterdam, Amberes, Hamburgo, mientras que los italianos aportaban sus conexiones financieras y su modus operandi para lavar capitales sucios en economías legales. Es esta alianza la que consolidó a los Balcanes como centro del comercio europeo de cocaína, heroína, armas, lavado de activos y trata de personas.
Con esa mezcla consolidada, la mafia albanesa puso su mirada hacia América Latina. Aprovechando el colapso del Cártel de Medellín y el de Cali en la década de los noventa, irrumpió en países como Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Brasil. Pero su estrategia no fue invadir territorios con violencia directa, sino aliarse con organizaciones locales que les permitieran operar en las sombras.
Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco buscaron alianzas con las ‘fis’ albanesas
Si se observan estas relaciones desde un satélite –trazando flujos, identificando patrones, dibujando mapas de riesgo– esta alianza no es un accidente: es la consolidación de una estrategia de poder criminal transcontinental. Una red híbrida de familias balcánicas, mafias italianas, narcos colombianos, capos mexicanos.
Uno de los escenarios más inquietantes del narcocapitalismo contemporáneo. ¿Qué tuvo que ocurrir para que los albaneses le perdieran el miedo a los mexicanos? Probablemente, les ganó el amor al dinero.
El rojo de la sangre palidece frente al verde del dólar. Porque años más tarde, cerca de 2020, el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación buscaron alianzas con las ‘fis’ albanesas para tener una puerta abierta a Europa. Los clanes europeos, que por años se resistieron, aceptaron a cambio de jugosas tajadas y de que pudieran instalar sus negocios en el Pacifico mexicano.
El resultado es un triángulo criminal –México, Albania, Italia– fluido, flexible y eficiente. Los mexicanos ponen droga y capital; los italianos a los receptores en Europa, distribuidores e inversionistas; los albaneses, corredores logísticos y lavado de dinero. Todos ganan, nadie pierde. O, mejor dicho, nadie de ellos pierde y todos nosotros ganamos más violencia de grupos criminales cada vez más ricos.
Ahora imagina, de nuevo, que eres un traficante de drogas que ha colocado exitosamente, otra vez, un cargamento de armas provenientes de Europa del Este. La mafia albanesa está en la mira de Estados Unidos, así que ya no cuentas con sus clanes ni sus conexiones.
Pero sí cuentas con las “maravillas” del narcocapitalismo: el crimen organizado de los Balcanes te ofrece tratos con más de sus mafias, como la búlgara, rumana, croata, griega y hasta con los turcos, famosos por sus “brokers” que conectan familias criminales de continente a continente.
¿A quién elegirás para que sea tu próximo lavador de dinero en la siguiente jugada en un casino en Sinaloa?
GSC/ATJ