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Sábado , 16.02.2019 / 12:33 Hoy

Voces Ibero

La joya del Louvre

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En el verano de 1962, una nueva celebridad hizo su entrada triunfal a los Estados Unidos. 

Desde su desembarco en tierras americanas, presidentes, políticos, empresarios y artistas, y todo aquel que tenía la oportunidad, quería tomarse una fotografía con la enigmática florentina. 

A decir de muchos, la Mona Lisa, en su primer viaje fuera de Europa, fue tratada de mejor manera que Jackie Kennedy y Marilyn Monroe juntas. 

Las cámaras de cine y televisión no sólo cubrieron el evento, sino que lograron que la imagen de Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo, se embebiera en las retinas de millones de espectadores que contemplaron el curioso viaje trasatlántico, mientras miles de personas clamaban por tener la posibilidad de verla en vivo. 

Los siguientes artistas que fueron recibidos con tal ímpetu fueron los Beatles en 1964. 

 
¿Cómo es que una pintura del siglo XVI es capaz de despertar la pasión desenfrenada de tal cantidad de personas en el último siglo? Hoy en día, su hogar, el Museo del Louvre, recibe poco más de 8 millones de visitantes anualmente. 

Una gran cantidad de ellos son turistas hambrientos por tomar una fotografía -o tomarse un selfie, en los últimos años- frente a la relativamente pequeña obra maestra de Leonardo da Vinci. 

De entre las más de 35,000 obras que exhibe el museo francés, una sola es la que tiene tres barreras para poder contemplarla: un cristal blindado, un cordón que impide acercarse a más de un par de metros de la obra, y una muralla de celulares, tabletas y cámaras profesionales que los turistas alzan para poder llevarse a casa la prueba de que estuvieron frente a la obra “mejor conocida, más visitada y más parodiada” de todo el mundo. 

 
¿Es la calidad del retrato directamente proporcional al de éstos ostentosos títulos que porta? La pintura, creada entre 1503 y 1506, es uno de los mejores ejemplos del arte del Alto Renacimiento en Italia. Mucho se ha dicho de las finas pinceladas de Leonardo da Vinci que, con su pionera técnica del sfumato, crearon el aura mística que rodea al retrato de Lisa Gherardini. 

La vivacidad del retrato, la perspectiva del paisaje del fondo, y la sonrisa desdibujada han contribuido sin duda a la gran fama que rodea a esta gran obra. Este año celebramos el V centenario de la muerte de Leonardo da Vinci; sirva este pequeño texto para honrar su memoria.

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