La palabra química no es sinónimo de malo o artificial, pues desde que despertamos estamos en contacto con la química; por ejemplo al tener contacto con la pila del despertador, el jabón, shampoo, desodorante, gel para el cabello, perfume, pasta de dientes, el material del peine o el cepillo para el cabello, el teflón del sartén que utilizamos al preparar el desayuno, inclusive el aceite para freír unos huevos, el fósforo del cerillo con el que encenderemos el gas de la estufa, los tintes naturales y sintéticos que llenan de color los objetos que nos rodean y las ropas que vestimos, los equipos de tecnología que hacen que nuestras labores sean más cómodas y placenteras.
En 1837, Jean-Baptiste Dumas consideró la palabra química para referirse a la ciencia que se preocupaba de las leyes y efectos de las fuerzas moleculares. En 1947, se le definió como la ciencia que se preocupaba de las sustancias: su estructura, sus propiedades y las reacciones que las transforman en otras sustancias (caracterización dada por Linus Pauling).
Más recientemente, en 1988, la definición de química se amplió, para ser «el estudio de la materia y los cambios que implica», según palabras del profesor Raymond Chang.
La química orgánica que estudia las reacciones y la combinación de átomos de carbono, hidrocarburos y derivados de ambos, y su relación con los elementos naturales y los tejidos orgánicos. La química inorgánica estudia todos los minerales y productos artificiales conseguidos gracias a las reacciones químicas.
La química es fascinante para muchas personas, aprender sobre el mundo que nos rodea puede conducirnos a invenciones interesantes y útiles y al desarrollo de nuevas tecnologías. La química es fundamental para la comprensión de muchos campos, por ejemplo la agricultura, la astronomía, la geología, la medicina, la bilogía molecular, la ciencia de los animales, la ciencia de los materiales, los nuevos métodos de fertilización, la medicina nuclear y radioactiva, las nuevas ciencias de genética, inclusive para aquellos campos en que aparentemente no hay relación con la química, como son la ingeniería civil, ingeniería eléctrica, ingeniería mecánica, ingeniería industrial, el diseño y la comunicación.
Algunos jóvenes no planeen trabajar en áreas qué estén en contacto directo con la química, indistintamente todos utilizamos la química en la vida diaria para enfrentar nuestro mundo tecnológico.
Aprender de los beneficios y riesgos asociados con los productos químicos nos ayuda a ser ciudadanos informados capaces de resolver problemas de forma inteligente y de comunicarnos con otros de forma organizada y lógica.
En la Universidad Politécnica de Tulancingo contamos con un laboratorio de química en el cual se llevan a cabo prácticas como el reconocimiento del material de laboratorio para que el alumno sea capaz de distinguir los instrumentos de medición más comunes utilizados en el laboratorio, sus usos, características y cuidados. Así como también, que adquiera la habilidad para el manejo correcto del material básico. Otra práctica es la medición del pH en el suelo, si es neutro, básico o acido. De acuerdo al tipo de pH que tiene el suelo es el cultivo a sembrar. Las muestras de suelo que se utilizan son de la región, y esto contribuye a una mejora en la producción de los cultivos (principalmente jitomate, maíz, y alfalfa) de la localidad.
DORA NELY BLANCAS RIVERA S.
Profesora investigadora de la UPT