En el mes de abril la inflación en México se situó en 7.68%, su nivel más alto en dos décadas. A raíz de esto, el gobierno de López Obrador anunció una serie de políticas dirigidas a mitigar el impacto de este aumento acelerado de los precios en la economía de las familias. La estrategia contiene 16 puntos entre los cuales están el aumento en la producción de granos, la reducción de aranceles, congelamiento de peaje en carreteras, entrega de fertilizantes y el establecimiento de precios de garantía para 24 productos de la canasta básica. Esta última política ha sido objeto de mucha discusión en las últimas semanas. Algunos expertos se han pronunciado fuertemente en contra de estos “controles de precios” debido a que distorsionan los mercados, generan escasez, mercados negros, y corrupción. El subgobernador del Banco de México, Jonathan Heat, tiene una opinión más moderada, pero en el mismo sentido él dice que el control de precios para frenar la inflación funciona solo en el corto plazo, pero que no le molesta pensar “fuera de la caja” en la búsqueda de políticas que nos puedan ayudar a contrarrestar la inflación.
Antes de emitir mi opinión en este tema, me parece importante aclarar algunas cosas. Primero, la inflación es usualmente un fenómeno monetario. La manera típica de resolverlo es aumentando las tasas de interés. El Banco de México ha estado haciendo esto en los últimos meses, aunque la inflación parece no dar cuartel. Segundo, la inflación actualmente es un problema mundial: pasó de 2% a 6% en este año, muy por encima de la meta en la mayoría de los países. Tercero, los controles de precios no están diseñados para controlar la inflación. Inclusive, si las políticas del gobierno son exitosas en mantener estables los precios de estos 24 productos, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) contiene más de 280 bienes por lo que no necesariamente se vería una disminución en la inflación. Según el propio gobierno, los precios de garantía son instrumentos de política económica diseñados para elevar el precio a los productores por encima del equilibrio del mercado y también para mantener el precio de los consumidores por debajo de los precios del mercado; usualmente, los contribuyentes pagan la diferencia.
En conclusión, quisiera resaltar lo siguiente. El programa del gobierno no es un simple control de precios sino una serie de políticas que buscan reducir los costos de producción y transacción en algunos productos de la canasta básica, al igual que eliminar restricciones comerciales (aranceles) con el objetivo de mantener los precios estables. Analizarlos con el simple modelo de oferta y demanda omite detalles importantes del contexto. La evaluación de esta política requiere un cuidadoso análisis de los costos y beneficios del programa, así como de sus efectos redistributivos (es decir, si se beneficiaron los más pobres). Comparto la opinión de muchos al decir que es una solución de corto plazo. Al final del día, la estabilización del poder adquisitivo dependerá de la habilidad del Banco de México para lidiar con el contexto global adverso.
Luciano Ayala Cantú
luciano.ayala@udlap.mx