La presidenta Claudia Sheinbaum lo cesa, Marx Arriaga patalea, se atrinchera y replica: “No voy a entregar la escuela mexicana de enseñanza básica y los libros de texto gratuitos a los neoliberales…”.
¿Entonces la mandataria es “neoliberal”?
Para él, corregir errores y hacer añadidos a su engendro va “contra el obradorismo”.
¿Sheinbaum “traiciona” el legado del pastor común?
Arriaga se apoyó en Sady Loaiza Escalona, ex propagandista y desde la Biblioteca Nacional de Venezuela especializado en adoctrinamiento ideológico para diseñar los libros de texto gratuitos en México, y define así la “nueva escuela” del obradorato:
“Decolonial, comunitaria, emancipadora, anticapitalista y popular”.
Lo decolonial pretende un enfoque teórico para desmontar las estructuras de poder impuestas por el colonialismo europeo y lo “anticapitalista” se contrapone por completo a la política económica de la Presidenta, que anunció ya el retorno de la iniciativa privada a la industria de generación de energía eléctrica y hace todo lo que Trump le impone para que continúe el T-MEC.
Por la canija selección de las especies, María Elena Álvarez-Buylla, ex directora del Conacyt, apoya a Marx de manera irrestricta (es ella quien impuso a otro fanático en la dirección del CIDE y es la que llegó a decir que se proponía “acabar con la ciencia neoliberal”).
El desequilibrado Marx es del grupo “duro” del obradorismo en que figuran Jesús Ramírez Cuevas (ex vocero de López Obrador y coordinador de asesores de Sheinbaum denunciado por Julio Scherer Ibarra por supuestos nexos con el crimen organizado huachicolero y la malversación de 27 mil millones de pesos para el financiamiento de campañas de Morena); Martí Batres (director del Issste), Paco Ignacio Taibo II (director del Fondo de Cultura Económica) y Gerardo Fernández Noroña (viajero VIP).
En el Consejo Nacional de Autoridades Educativas (estatales y federales), Arriaga expuso así su sectaria visión de la enseñanza:
“La escuela mexicana de educación es decolonial, porque rompe con las hegemonías egocéntricas y la visión historicista, científica y cultural de los países colonialistas (...). Es comunitaria, porque rompió con la presión del neoliberalismo educativo y colocó en el centro a la comunidad y no al estudiante aislado como el capitalismo educativo solicita (…). Es emancipadora, porque la derecha, con el estandarte del progreso, el crecimiento sostenido, la competencia, la familia nuclear y Dios, diseña programas de estudios con la esperanza de conseguir una ciudadanía sumisa, trabajadora y resignada (…). Es anticapitalista, porque las editoriales españolas lucraban con sus libros (…), y es popular, porque a través de la autonomía magisterial del pensamiento crítico y de abordar los proyectos con carácter social, lo que se propone es propiciar las condiciones para convertir las escuelas en cooperativas comunitarias…”.
Pero aun así de desequilibrado y como si el Servicio Exterior Mexicano fuera un basurero, le propusieron una embajada...