No ha llegado el Mundial y ya estamos con todo en las elecciones próximas del 2027. Cada vez más la política se vuelve más electoral y menos de resultados. La conversación pública, tanto en redes como en medios y en las tradicionales carnes asadas, se ha vuelto más electorera. No sé ustedes, pero en mis reuniones ya es el tema central. Que si Mariana, Morena, MC y lo que sucederá en NL, pero lo que se lleva la delantera es la conversación de nuestros políticos y sus redes sociales.
Samuel y Mariana nos han metido como comunidad en un mundo virtual o más bien en su mundo virtual. Son tendencia y su perfil de influencers cada vez se potencializa más, sus famosos papancakes y su Ay papacito parecen la conversación dominante y no los resultados en seguridad o el Presupuesto no aprobado del 2026. Están creando la historia perfecta para que la raza siga su transformación. Tan cuidado y bien manejado está, que hoy Mariana, según distintas encuestas y análisis, encabeza ya sea la preferencia electoral para gobernar NL o la mayor interacción en redes en la entidad. No se requiere ser un experto en narrativas para ver que el gobernador se está volviendo más “papá” al cocinar y conciliar su vida personal y profesional, dándole cabida a que su esposa tome un rol más activo en su carrera profesional y política. Sus perfiles han ido cambiando en lo que comparten y transmiten, para crear una nueva percepción y realidad.
“Hemos otorgado el poder a cambio de espectáculo, cercanía y promesas huecas”, como bien comparte mi amigo Pablo Zubieta, experto en Comunicación. Nos está saliendo caro el entretenimiento y viene una vez la pregunta que ronda mi mente frente a nuestro estilo de ciudadanía, ¿realmente nos interesan los temas trascendentales? ¿O mejor se los dejamos a alguien más que los arregle sin saber si lo hará? Nos quejamos, decepcionamos, pero nos divertimos. Bailamos al son, seguimos la novela. Y lo más peligroso es que el resto de los políticos o posibles contendientes está siguiendo la misma receta: baila, canta, cocina y llegarás.
Nos espera un siguiente año de novelón, mientras no cambiemos nuestras conversaciones y nuestra exigencia como público, o mejor dicho, mientras no nos volvamos parte activa de la acción.