Todos somos luces y sombras, los políticos y partidos también. La 4T, los gobiernos del PRI y el PAN. Todo político, seamos afines o no a su gobierno, tiene proyectos que han funcionado, si logramos reconocer y valorar, y sobre todo si no caemos en la polarización. Ese es el peligro de ver las cosas, blanco o negro, y de no poder reconocer algunos aciertos.
En esta ocasión quiero hablar de Claudia Sheinbaum, que si bien como líder y Presidenta lidera un proyecto que según números duros va cuesta arriba, principalmente en temas económicos, de seguridad y estado de derecho, ha mostrado una ecuanimidad y manejo de su carácter de manera óptima. Veníamos arrastrando los ataques de un presidente que se dedicó a dividir, a criticar todo el pasado, a los que no estaban con él. En cambio, Claudia se muestra más conciliadora, por eso lo sucedido este fin de semana en San Quintín, Baja California, llamó la atención.
El regaño que se llevaron sus legisladores que la esperaban en primera fila del evento púbico, me dio gusto, me puso de buenas. Me sonó al tan acertado dicho mexicano: “Te lo digo, Juan, para que lo entiendas, Pedro”, pensando que a todos los políticos les hace falta escucharlo; “¡Todos ustedes: a trabajar más con la gente! Dejar de estar allá y estar más en territorio”.
Se nos olvida que los legisladores se deben a su gente, a sus votantes que se encuentran en sus distritos, en sus estados, pero les gana más la urgencia de “salir en la foto” y parecer cercanos al poder. Todo por una foto, una simple foto con la Presidenta, pero que después es su carta de presentación en redes sociales. Qué tentación, en la era de más imagen, menos fondo.
Siguiendo con los dichos, algo que aprendí trabajando en gobierno municipal fue la consigna de “menos escritorio, más territorio”. Recuerdo que la gente me nombraba a políticos que estuvieron cerca, que caminaban las calles, que los escuchaban y atendían. Sé que no todos tienen esta vocación, una más carismática, una más de calle, pero en el trabajo legislativo se requiere. Solo en la calle se conocen las verdaderas necesidades.
Ver a un político molesto, cuando el mensaje es necesario y contundente da gusto. Menos fotos, más territorio.