Hace unas semanas, en Central Park, en Nueva York, se encontraron dos personas con el mismo apellido: Cooper. No eran parientes ni se conocían. Él es un hombre afroamericano que estaba observando aves y ella una mujer de tez blanca que estaba paseando a su perro. Como estaban en una zona en la que el perro debía llevar correa, el señor Cooper le dijo que hiciera lo propio.
Se hicieron de palabras y ella saco el teléfono, amenazando con que si decía que un hombre negro la estaba molestando en el parque, él ya sabía que tenía todas las de perder. La historia se volvió viral y “Karen”, como las redes decidieron ponerle, (en realidad se llama Amy), se volvió el símbolo por unos momentos de la chica que no tiene idea de nada, pero usa su privilegio a modo.
Y luego los liberales norteamericanos casi se nos mueren de un infarto cuando se enteraron de que ella no solo estaba muy activa en el partido demócrata, sino que había donado dinero a Obama.
¿Por qué esta historia hoy? Porque espero no sigamos esos pasos y resolvamos las cosas, nuestras diferencias sin aprovechar el extremo y horrible ambiente y división política que vivimos.
Miren, si hay alguien que NO es mi amigo ni aliado en este medio es Horacio Villalobos. Y amo a Ana de la Reguera, quien tiene una queja muy valida. Pero son los medios los responsables por lo que han puesto al aire todos estos años.
Deben responder de manera consecuente sin buscar sacrificar a una persona, cuando ellos, nosotros, creamos esa cultura.
Si es verdad que nos dimos cuenta de los daños, adelante. Pero que no lo hagan porque hoy es lo que se “debe hacer” para quedar bien. Eso es aún más peligroso.
Twitter: @susana.moscatel