Política

México nos asombra cada día más

Hay países serios en este ancho mundo. Naciones donde las cosas funcionan y en las cuales las decisiones de políticas públicas se sustentan en el sentido de responsabilidad, en la sensatez y en un mínimo de decencia, más allá de los posibles réditos políticos que se puedan cosechar.

Entre otros tantos de esos referidos países, me viene a la mente el Reino de Bélgica —sí, señoras y señores, es una monarquía constitucional la de allá, lo mismo que esa Dinamarca a la que el régimen de doña 4T pretende equipararse— que, miren ustedes, estuvo SIN un gobierno formal durante 591 días del Señor, entre diciembre de 2018 y octubre de 2020, rompiendo un récord suyo anterior de 541 jornadas, establecido casi una década atrás.

A primera vista no parece nada edificante haber alcanzado esta marca pero hay que decir que la circunstancia resulta de que los belgas adoptaron en su momento un sistema parlamentario, un modelo en el que los cargos gubernamentales —el del mismísimo primer ministro, entre ellos— y la gestión de los diferentes ministerios se reparte entre los grupos políticos según el número de votos que hayan alcanzado en las elecciones.

Ocurre entonces que, llegada la ocasión de negociar lo que le toca a cada quien, unos y otros se tienen que poner de acuerdo, sobre todo si ninguno de los partidos obtuvo una mayoría lo suficientemente sustanciosa como para reclamar directamente los puestos más importantes.

El tema, y lo admirable del territorio donde se consumen el mejor chocolate y la mejor cerveza del mundo, es que la ausencia de una administración central no impactó en lo absoluto el desempeño del sector público: los hospitales siguieron funcionando, los asuntos corrientes se despacharon como siempre, los pagos de nómina fluyeron puntualmente, los trenes llegaron con la acostumbrada puntualidad y, encima, ¡la economía creció!

Estamos hablando de la solidez del servicio público, ni más ni menos, y de la existencia de una estructura lo suficientemente estable y eficaz como para resistir los embates de la baja política (o no tan baja, si lo piensas).

O sea, lo opuesto a este país. Aquí, todo lo posible e imaginable se deriva de los impulsos, las ocurrencias, los oscuros intereses y la muy pobre formación de los funcionarios de turno, desentendidos por principio del bien común y de los intereses superiores de la nación. Nunca hemos logrado crear un auténtico servicio civil de carrera.

En fin, todo esto ya lo sabíamos y es parte de nuestro escenario de siempre. Pero, qué caray, no nos había tocado todavía caer tan bajo como para que el supremo encargado de la educación nacional decretara que nuestros chicos se iban a quedar… ¡cinco larguísimas semanas sin clases!

Aduciendo, por si fuera poco, que a partir del 5 de junio la instrucción impartida en los colegios deja de tener contenidos pedagógicos, ¡Ave María Purísima!, y que entonces da lo mismo que no acudan los pequeños al cole.

Inaudito. Y sí, asombroso.


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Román Revueltas Retes
  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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