Imaginen ustedes un equipo de fútbol en el que estarían jugando juntos Messi, Neymar y Mbappé. Pues, como todos sabemos, tan milagrosa conjunción de astros ya ocurrió, debidamente financiada por unos millonarios cataríes, de los que solían cosechar carretadas de petrodólares antes de que el villano Trump desmadrara el tráfico de buques en el estrecho de Ormuz.
El tema es que esos galácticos, bajo la batuta de Mauricio Pochettino, no alcanzaron la suprema gloria futbolística del Viejo Continente, el trofeo de esa UEFA Champions League que tanto se le ha facilitado al mejor equipo de fútbol del la Tierra, a saber, el Real Madrid (15 Copas de Europa, ni más ni menos, o sea, que son los reyes).
Muy bien, pero resulta que en estos mismos momentos, los merengues ya no son los emperadores sino que el club del referido triunvirato de estrellas –el Paris Saint-Germain (PSG), para mayores señas— es, vistas las cosas y cuadradas las cifras, el que marca la pauta en el escenario futbolístico mundial (con perdón de Sudamérica, Oceanía y las comarcas regidas por doña CONCACAF, me permito pontificar la siguiente sentencia: el balompié europeo está en otra galaxia, de manera que le podemos conferir tamaños planetarios).
El mago de turno es Luis Enrique, un descendiente directo de los castellanos que nos conquistaron a nosotros los mexicas y que tantas disculpas y explicaciones y arrepentimientos y golpes de pecho nos deben. El hombre fue un mediocampista de gran categoría y se ha convertido, hoy día, en uno de los mejores directores técnicos del balompié universal: sin el referido trío de genios, ha llevado al PSG a las más altas alturas futbolísticas.
La cita es el 30 de mayo, en la Puskas Arena de Budapest, y enfrente tendrá a un equipo formidable, el Arsenal británico, dirigido por un vasco, Mikel Arteta, que no sabemos qué tanto pueda certificar, en lo personal, su vasallaje al Rey de España pero que, en los hechos, es tan español como el otro.
En fin, faltan dos largas semanas pero al final de la espera habremos de deslumbrarnos con el mejor fútbol que pueda haber. Ya nos maravillosos, los aficionados, con el encuentro PSG-Bayern Múnich, uno de los mejores partidos de la historia.
Por favor, que ese par de españoles nos ofrezca otra experiencia del paraíso futbolístico.