Política

Narcos y comunistas

Socios del narco, simpatizantes de la dictadura cubana, comunistas de clóset (o, ni tanto), estatistas de vocación, adversarios del empresariado, nacionalistas trasnochados, anfitriones de espías rusos, populistas demagogos… Lo peor, o sea.

Y, encima, moradores de su patio trasero de ellos, esos yanquis tan imperialistas, intervencionistas, belicistas y camorristas (istas-istas, que diría Gil Gamés, con quien coincido en lo general, a pesar de algunas diferencias en lo que toca a los sabores del vodka).

Este escribidor ya ha desembuchado aquí que nuestra querencia natural no es con los pueblos hermanos del subcontinente latinoamericano, por más que pudiéremos alimentar un muy oportuno odio común al invasor español, sino con nuestro poderoso vecino del norte.

A ver, díganme ustedes cuántos mexicanos hay que se hayan afincado en Bolivia, en Ecuador, en la devastada Cuba o, ya en plan un tanto más elegante, en la mismísima Argentina de doña Kirchner (recluida ahora en su casa por corrupta la mujer).

Eso, para abrir boca, y sin tocar el tema de las exportaciones, de los inversores de Texas, de la muy poco soberana importación del gas estadunidense con el que producimos la electricidad que mueve el país (si lo cortan para castigarnos por pretender plantarles cara, México se paraliza totalmente al cabo de dos días) y, entre otras posibles razones para promover el más estrecho acercamiento, del millón de estadounidenses que habitan las cálidas tierras mexicanas (su más grande comunidad de expatriados en el mundo, por encima de Canadá, el Reino Unido y tantos otros países).

El hecho mismo de que Estados Unidos sean el primer destino de millones de mexicanos nos coloca forzosamente en una condición de socios a perpetuidad, así sea, muy extrañamente, que los gobiernos americanos no parezcan otorgarnos, a tan invasor vecino, la importancia estratégica que deberíamos merecer (es más, la propia prensa extranjera rara vez consigna que somos el primer socio comercial de la suprema potencia planetaria, poniendo crónicamente a Canadá por encima de nosotros los estadunimexicanos).

En fin, más allá de que no contemos con el debido reconocimiento, 40 millones de personas de origen mexicano habitan Estados Unidos. Es una cifra verdaderamente apabullante, considerando además que 12 millones de esos pobladores nacieron aquí mismo. Así fuere por pura y elemental conveniencia, llevar la fiesta en paz con una nación que ha acogido a millones y millones de los nuestros debería ser una primordial preocupación de los gobernantes aztecas (o mexicas, o lo que quieran y pretendan los herederos directos de los pueblos originarios).

No sólo eso. Tendríamos que alinearnos en una visión común de los procesos económicos y dejar de explotar el izquierdismo que tanto les fastidia. Pero no, andamos de respondones… 


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Román Revueltas Retes
  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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