Política

Hasta el pasto de sus canchas

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Así lo dijo Andrew Giuliani, director ejecutivo del Grupo de Trabajo de la Casa Blanca para la Copa Mundial de la FIFA 2026: “Queremos garantizar que los estadunidenses […] tengan la seguridad de que, al menos, la competición se desarrolló de forma justa en el terreno de juego. […] Logramos que se anulara esa tarjeta roja que nunca debió haberse mostrado. Mantendremos nuestra postura sobre las medidas que tomamos. […] Se logró lo correcto”.

Lo que ante los ojos del mundo resultó un hecho prácticamente inédito, para este representante de la Casa Blanca no lo era, porque antes, dijo, las autoridades estadunidenses ya habían pedido cuentas a la NFL, la MLB y la NBA. Con la llamada de Trump a Infantino, la FIFA no tuvo más remedio que encontrar una justificación, medianamente creíble, para revocar la sanción impuesta a Folarin Balogun, estirando lo que pudo el Artículo 27 de su código disciplinario, dejando al descubierto la pendiente resbaladiza en la que se escurren los supuestos ideales deportivos promovidos por dicha institución. Me explico.

En un par de entregas realizadas años atrás dije que una pendiente resbaladiza, al igual que un tobogán o resbaladero, funciona de la siguiente forma: “Aunque haya buenas razones para hacer A, ciertamente no se debe hacer porque si hacemos A acabaremos haciendo B (que es algo diferente a A), y si se hace B esto acabará provocando que se acabe haciendo C (que también es ligeramente distinto a B), y así sucesivamente hasta llegar al punto en que se haga Z, que habrá sido provocado por Y, X, etcétera. Y, en definitiva, por A. Puesto que Z es algo rechazable, inaceptable, injustificable y puesto que se ha llegado a ello a causa de haber hecho A, la conclusión es que si no se quiere hacer Z debe evitarse hacer A”.

En este Mundial, la FIFA ya recorrió, al menos, las primeras cinco letras del abecedario: llevó la competencia al esquema multipaís; impuso condiciones inéditas en la gestión de los estadios; subió el precio de los boletos hasta el cielo; con un arbitraje errático favoreció a jugadores y equipos taquilleros; y, entre otras lindezas más, revirtió la sanción impuesta a la selección estadunidense.

Si todo esto ya sucedió, ¿qué podemos esperar en los próximos mundiales? Además de nuevos récords, ¿seremos testigos de cómo los principios éticos del juego limpio se deslizan desde el techo de los estadios hasta el pasto de sus canchas? Con Infantino al frente, difícil de dudar.


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Pablo Ayala Enríquez
  • Pablo Ayala Enríquez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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