Política

De la mediocridad a la ambición moral

La entrega pasada hablé de eso que Rutger Bregman entiende como ambición moral. Un ambicioso moral, dice, es alguien con una clara y sonora “disposición o deseo de hacer del mundo un lugar decididamente mejor”.

El ambicioso “a secas” es quien babea, sufre y delira por lo que no tiene, de ahí que no dude en hacer lo que sea para lograr lo que quiere. Por el contrario, el ambicioso moral emplea toda su creatividad, habilidad y talento para limpiar el mugrero que los ambiciosos ramplones siempre dejan tras de sí.

Bregman señala que existen cuatro tipos de trabajos que denotan la poca y la mucha ambición moral:

Ni muy ambiciosos, ni muy idealistas. Estas personas y empleos no aportan mucho valor añadido. Son ocupaciones que producen informes que nadie lee, o gestionan el trabajo que no necesita ser gestionado. Si éstos se declararan en huelga, al mundo no le importaría, ni se detendría. Su sueño es pasar de godín a profesionista independiente, sin tener que contribuir en algo a la sociedad.

Ambiciosos, pero no muy idealistas. Quienes ocupan estos puestos llegan a la cima del éxito alcanzando indicadores carentes de alma: buen salario, oficina ostentosa, viajes, tarjeta corporativa, coche caro, casa grande, club, prestaciones y prestaciones pomposas. Como dice Bregman: “Rara vez ponen nada en marcha, no crean nuevas organizaciones; no innovan y, por norma general, no se preocupan por los desafíos más importantes a los que nos enfrentamos como humanidad”.

Idealistas, pero no muy ambiciosos. Su preocupación gira alrededor de los grandes desafíos de la humanidad: el cambio climático, racismo, la guerra, el acoso sexual o la desigualdad. A éstos, refiere Bregman, “les preocupa más el tipo de trabajo que hacen que el impacto que este trabajo tiene; [lo importante es] sentirse bien al hacerlo. […] El bien más preciado es no conseguir nada en absoluto. […] Aquí, la buena vida se define por lo que uno no hace”, porque la toma de conciencia está por encima de la acción.

Idealistas y ambiciosos. Aquí están quienes ponen su capacidad y talento al servicio de un ideal. Saben y están dispuestos a pagar el precio que exige la realización de éste y no dudan en alcanzarlo. Alcanzar la meta, y más, se convierte en una forma de imperativo moral.

De las ilusiones dejadas atrás por los ambiciosos morales, hablaré en la última entrega de esta serie.


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Pablo Ayala Enríquez
  • Pablo Ayala Enríquez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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