Gracias a una mujer llamada Ruth empecé a escribir un diario. Gracias a Laura volví a terapia.
Gracias a Ivi gestioné opciones para no perjudicar a otras. Gracias a Claudia gestioné opciones para salir del pozo que cavé por confiada.
Gracias a Caro hago fresas con crema cada semana. Gracias a Sofía horneo pan de plátano cada que llueve. Gracias a Chiara y a Katia pude tomar una decisión difícil. Gracias a Ana puedo comprar cosas sin ansiedad. Gracias a Lorena pude escribir un libro.
Gracias a Ximena tuve dónde escribir un libro. Gracias a Lily tuve dónde tener seguros a mis hijos mientras escribí un libro. Gracias a Diana los proyectos que no soñé se están manifestando.
Gracias a Mari sé sobre amor comunitario. Gracias a Irene y a Karen mi ética mágica me enorgullece.
Gracias a Eliza pude nacer madre otra vez, acompañada. Gracias a Roxana recuperé la confianza en mis letras, gracias a Viviana recuperé el libro guía de las mujeres, gracias a un circulo de mujeres volví a mí misma, gracias a Sofi me siento útil mas veces de lo que en realidad lo soy.
Gracias a Julia ahora puedo descansar mas seguido, gracias a Helena deje de alucinar con hacerme daño.
Gracias a Alejandra, Yesenia, Lupita, Lorena, Arlette, Valeria, Annie, Belén, Bere, Carmen, Jimena, Dany, Rosario, Claudia, Eliza, Amanda, Teresa, Jennifer, Mary, gracias a todas las mujeres que me han acompañado, llenado, con quiénes he compartido, de quienes me he enamorado, quienes han confiado en mí, en mi trabajo, en mi talento, gracias a quienes me han enseñado algo, a quienes les he enseñado algo, de quienes me he sostenido, a quienes he sostenido.
Gracias, mujeres.
Y gracias a mí misma, toda mujer, toda vulva y vientre creador por resistir, por sostenerme, por existir siendo diosa dentro del cuerpo divino, pero cuerpo-tierra finalmente.
Gracias por mis pies que caminan sobre el pasto húmedo o sobre la arena del desierto con la misma curiosidad.
Gracias por mis manos rapidísimas para crear y construir historias, proyectos y mensajes de amor, gracias a mis labios que pueden vestirse de rojo para decirle mil veces a mis hijos que los amo.
Gracias, querida yo, porque al ser mujer, soy todo lo que sostiene al mundo y el mundo mismo siendo sostenido por mis hermanas.