Política

El peso del Estado: tributacionismo en Europa

  • Columna invitada
  • El peso del Estado: tributacionismo en Europa
  • Miguel Carmena Laredo

Milenio M logo
Únete al canal de Milenio  

Europa lleva décadas construyendo uno de los experimentos fiscales más ambiciosos de la historia moderna. En países como Francia, Bélgica o Dinamarca, la presión tributaria supera el 45 por ciento del PIB, convirtiendo al Estado en el gran redistribuidor de la riqueza nacional. Este fenómeno, conocido como tributacionismo, no es sólo una política económica, es un modelo de sociedad.

El tributacionismo europeo parte de una premisa: los servicios públicos de calidad, sanidad universal, educación gratuita, pensiones dignas, requieren ciudadanos dispuestos a ceder una parte sustancial de su renta al colectivo. El contrato social nórdico lo ejemplifica con claridad: impuestos altos a cambio de bienestar garantizado. Dinamarca aplica tipos marginales del IRPF que rondan 56 por ciento, y aun así lidera los índices de felicidad y confianza institucional. La cuestión no es cuánto se recauda, sino cómo se transforma la recaudación en derechos reales.

Sin embargo, el modelo presenta tensiones crecientes. La competencia fiscal entre Estados miembros de la Unión Europea, con Irlanda o Luxemburgo ofreciendo tipos impositivos muy reducidos, erosiona las bases imponibles de los países con mayor carga.

A esto se suma la presión digital: gigantes tecnológicos tributan donde más les conviene, esquivando los sistemas diseñados para economías industriales.

La Unión Europea intenta responder con iniciativas como el impuesto mínimo global de 15 por ciento sobre beneficios corporativos. Es un primer paso hacia la armonización, pero insuficiente para quienes defienden una fiscalidad verdaderamente comunitaria.

El envejecimiento de la población es quizás el desafío más urgente. Europa es el continente más viejo del mundo en términos demográficos. A medida que la proporción de jubilados respecto a la población activa aumenta, el equilibrio de los sistemas de pensiones y de salud se vuelve más difícil de mantener.

La economía digital plantea el problema de cómo gravar formas de riqueza y actividad que no existían cuando se diseñaron los sistemas fiscales actuales.

En el debate actual, el tributacionismo se enfrenta a dos críticas estructurales: la del liberalismo económico, que lo acusa de frenar la inversión y el emprendimiento; y la del populismo, que denuncia que los grandes patrimonios siguen escapando al fisco mientras el trabajador asalariado soporta el grueso de la carga. Ambas críticas contienen la verdad parcialmente.

A futuro se le plantean tres grandes tareas: Primero, debe abordar con mayor seriedad la tributación del capital y la riqueza, que ha quedado muy por detrás de la tributación del trabajo en las últimas décadas. Las grandes fortunas pagan proporcionalmente menos que las rentas medias del trabajo, lo que contradice el principio de capacidad contributiva. Segundo, debe coordinar mucho mejor sus políticas a nivel europeo para eliminar la competencia fiscal interna entre estados miembros, que beneficia a las grandes empresas a expensas de los ciudadanos corrientes. Tercero, debe mejorar radicalmente la transparencia y la calidad del gasto público para recuperar la confianza ciudadana en que los impuestos se gastan bien y de forma justa.

Los desafíos son reales, pero ninguno de ellos conduce inevitablemente al desmantelamiento del modelo tributario europeo.


Google news logo
Síguenos en
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.