Política

Gobernar: controlar o rendir cuentas

Decidir es la tarea principal de un gobernante. Para controlar los “hilos” de la maquinaria gubernamental y a quienes son responsables de su funcionamiento eficaz, el gobernante es quien tiene la capacidad de decidir si se ha realizado conforme lo esperado o no. Y, desde luego, aplicar las debidas consecuencias a aquellos responsables según el resultado de sus acciones.

Por eso, ante la ciudadanía, el gobernante ha de “rendir cuentas” y comunicar los planes, las realizaciones, los objetivos cumplidos o no y por qué razones en ambos casos. Este ejercicio, indispensable en un régimen de índole democrática, ayuda a los ciudadanos a revisar si los planes se han realizado o no, si se gastó lo anunciado o no, si se terminó en tiempo y forma o no, y si el gobierno funciona tal como se previó o no. Desde luego puede suceder, por algunas razones, el fracaso total o parcial del plan y sus objetivos. Por ejemplo: sí se realizó cabalmente y, con pena, se requirió un gasto mucho mayor del comprometido y eso se debió a errores en el estudio de las dificultades a resolver, las cuales fueron mucho mayores de las inicialmente consideradas. Las decisiones del gobernante en estos casos muestran la calidad de sus modos de gobernar, especialmente por cómo fue su vigilancia y su control de los procesos acordados. ¿Alguien recuerda el Tren CDMX – Toluca? ¿Cuándo debió estar terminado? ¿Sabemos por qué no se ha concluido esa obra? Solo a modo de ejemplo.

En nuestro país pocas veces se da una verdadera rendición de cuentas, incluso cuando se cumplieron los planes y lo diseñado no sufrió alteraciones. Lo usual es inaugurar la obra o dar por terminado el plan no cumplido, ofrecer razones poco convincentes y a otra cosa. El gobernante prefiere controlar con razonamientos los incumplimientos, evitar las auditorias posibles y prometer la corrección de las mal hechuras.

En el caso de llamado tren Maya, ya se encontró un culpable del accidente conocido hace unas semanas Ya se atendió a las víctimas. Ya se sabe qué corregir. Listo y a otra cosa, la situación está controlada. Es el ejemplo de un gobierno centrado en el control. No centrado en informar de cómo se ha cumplido su responsabilidad en el caso y cómo se compondrá lo descompuesto, lo cual supone varios cientos de millones de pesos, a cargo del erario. ¿Así debe ser?

Para mayores detalles el lector interesado puede consultar la nota de Ricardo Rahpael en MILENO DIARIO del 30 de enero.

Los casos concretos pueden tener o no las explicaciones “del caso”. Lo importante está en aquello dicho o no, con lo cual se deteriora la figura del gobernante en términos de su capacidad para motivar a la población a confiar en las decisiones del gobierno, y no sólo darse cuenta del ejercicio gubernamental de un control sin convencer. En este enero se han multiplicado los casos. La postura del gobierno mexicano frente a la invasión del territorio del país de Venezuela para detener al presidente de ese país, secuestrarlo y llevarlo a territorio estadounidense “porque su pertenencia a grupos delincuenciales” causa molestias al pueblo norteamericano.

Secuestro de personas sin jurisdicción para hacerlo. El envío de mexicanos en prisión, por causa de delitos contra la salud, a territorio norteamericano pues fueron reclamados por la justicia de ese país, dadas las consecuencias allá, de sus actividades delincuenciales acá. ¿Deportación? No. Al menos en los términos de la ley mexicana. Los excesos de algunos políticos del partido político del cual es parte la presidenta, en términos de uso de dineros públicos para fines privados.

El tema del Tren Maya. Y el coctel de equivocaciones del presidente norteamericano en aquella reunión en Suiza en las cuales involucró a nuestro país, y el fracaso de su espíritu de ser el gobernante del mundo.

Una lista del ejercicio del control político, si bien legal, poco motivadora de la mejora ideológica de la población, al perder la oportunidad de mostrar unos gobernantes capaces de rendir cuentas y no sólo imponer su legítima autoridad.

Desde otro ángulo, más allá de la coyuntura política de las últimas semanas, vale reconocer la decidida acción de la Secretaría de Seguridad del gobierno federal para controlar la criminalidad en nuestro país, cuyos resultados públicos muestran una voluntad gubernamental de enfrentar las actividades delictuosas y ofrece un futuro con menos desconfianza pública en el control del delito, sobre todo vistas las acciones derivadas del narcotráfico tal como es la extorsión. Ojala en estos temas, al menos, tengamos buena rendición de cuentas.

¿Control o responsabilidad? ¿Autoridad por sí misma o por su capacidad de rendición de cuentas? Pronto lo veremos en torno a las elecciones del 2027.


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Miguel Bazdresch Parada
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