SERIE PERIODÍSTICA “MUERTE SÚBITA” / CAPÍTULO IX
La plática con Ottón transcurre en medio de los entrenamientos que dirige en el Club Pacífico de Neuquén. Hacemos una pausa para que dé algunas indicaciones a sus pupilos.
“Chicos, vení para acá, rápido: el señor es periodista de México. Está acá en Neuquén haciendo una investigación por la muerte de un entrenador de tenis de mesa que fue mi profesor, que algunos de ustedes conocieron, Mario Palacios; estaban chicos ustedes cuando anduvo acá de vuelta por la Argentina, por Neuquén”.
Los chicos se miran entre sí, callados, algo desconcertados.
—¿Alguno de ustedes jugó el binacional que hicimos con Chile en el Club Nihua? —pregunta.
Nadie contesta.
—¿Sí? Vos tenelo que haberlo jugado también Láutaro. Vos jugaste la final o semifinal. Bueno, ahí vino Mario y vino con dos chiquitos de México a participar en este evento. El señor periodista está haciendo una investigación porque hasta el día de hoy el crimen no ha sido aclarado y está cubriendo todo lo que ha sido, o fue, la vida de Mario.
Llegó hasta mí porque yo fui uno de sus alumnos. Bueno, él quiere verlos trabajar un poquito, así que van a hacer principalmente algún trabajo de control con dos topeos de este lado y un bloqueo de este lado.
Los alumnos adolescentes, en su mayoría de doce a quince años de edad, se acomodan en las esquinas de las mesas y comienzan a practicar.
—¿Cómo conoció a Mario? —pregunto a Ottón mientras camina alrededor de las mesas de ping pong.
—Yo trabajaba como comerciante antes de involucrarme con el tenis de mesa, lo que se ha convertido en una pasión de la misma manera que fue una pasión para Mario. Mario era un hombre totalmente apasionado del tenis de mesa, con un gran anhelo: vivir de este deporte. Cosa que por lo menos en Argentina todavía es una utopía.
—¿Qué tipo de instructor era Mario?
—Era un excelente profesor de tenis de mesa. Él trabajó con muchos niños. Era un hombre metódico que tenía una buena pedagogía de enseñanza. Había hecho un curso como entrenador de tenis de mesa con un entrenador chino en el Club Alemán de Concepción en Chile. Después yo lo vi trabajar con una seriedad absoluta y con una dedicación de tiempo completo.
—¿Cómo era su estilo de
enseñanza?
—Trabajaba prácticamente de la misma manera como yo enseño ahora en este club. Hacemos multibola con los chicos. Sobre una canasta con muchas pelotitas vamos repitiendo cada técnica hasta que el muchacho logra incorporarla, mientras el resto de los jugadores están realizando rutinas predeterminadas en el resto de la mesa de juego.
—¿Cuál es el encanto del tenis de mesa, que a veces es menospreciado como deporte?
—Por lo general yo les digo a los papás de mis alumnos que el tenis de mesa, además de ser un deporte olímpico, de envergadura mundial, es también un vicio porque es apasionante. Es un juego de confrontación física e intelectual, que se mueve a gran velocidad con pelotas que alcanzan hasta ciento ochenta kilómetros por hora, sobre una mesa de dos setenta y cuatro metros, y que requiere una gran habilidad de los jugadores para provocar diferentes velocidades y diferentes efectos. El tenis de mesa es una lucha física, pero también es una lucha intelectual. Es un juego de ajedrez a gran velocidad. Cada golpe va dirigido hacia un lugar determinado de la mesa en busca del punto, de sorprender al otro, cambiando las velocidades y los efectos. Eso es lo que lo convierte en un deporte apasionante.
***
El día del asesinato de Mario, el gobernador Arturo Montiel inauguró la Convención Nacional de la Cruz Roja en el Teatro Morelos de Toluca. Lo acompañaron Juan Ramón de la Fuente, a la sazón rector de la UNAM, y el empresario Olegario Vázquez Raña, presidente en turno de la institución. Maude Versini también estaba presente en el acto en el que Montiel recibió la Gran Cruz de la Orden de Honor y Mérito de la Cruz Roja Mexicana.
Luego de ese día, y hasta el 5 de diciembre de ese año, Montiel ya no tuvo ninguna actividad pública, de acuerdo con los registros de los medios de comunicación estatales y nacionales de esas fechas. Varios diputados federales del PRI por el Estado de México aseguraron que la causa de la ausencia de Montiel en actos públicos se debía a “uno de los berrinches de Maude”, y que el mandatario estaba en San Diego. Otros dos legisladores priistas coincidieron en afirmar que el gobernador se había ido de gira de trabajo por Chicago.
El 2 de diciembre de ese año, la columna institucional del periódico Reforma, “Fray Bartolomé de las Casas”, hizo notar la desaparición del político mexiquense. “EN TODO ESTO destaca la ausencia de las firmas del mexiquense Arturo Montiel y del oaxaqueño José Murat. EL PRIMERO comunicó desde París —que, por lo visto, es municipio mexiquense— que por andar allá no podía firmarla. El segundo, de plano, nomás no quiso estampar su rúbrica.”
Cosa curiosa: el gobernador que quería ser presidente desapareció misteriosamente de la escena política en el momento en que se discutía la reforma al IVA en alimentos y medicinas, una de las más importantes del sexenio.
A la par de esa ausencia, el 23 de noviembre, dos días después del asesinato de Mario Palacios Montarcé, en unas oficinas de la embajada de Francia en México, los empleados vieron entrar a una mujer cuyo rostro se les hacía conocido, a pesar de que iba con lentes oscuros y el gesto muy serio, descompuesto. Una de las trabajadoras supo después que se trataba de Maude Versini, la joven esposa del gobernador del Estado de México, quien solía aparecer con otro rostro, mucho más sonriente, en los noticieros estelares de la televisión. A Versini no se le notaba en ese momento que tenía un embarazo de cinco meses, cuentan las oficinistas.
Autoridades de esta representación diplomática confirmaron que, según sus registros, Versini declaró al embajador Philippe Faure haber sido golpeada por órdenes de su esposo después de que éste se enterara de que estaba embarazada y de que los mellizos que venían en camino no eran de él. Lo dicho por Versini quedó registrado en documentos diplomáticos de ese año.
Al abordar el fracaso de las reformas al IVA en alimentos y medicinas, Jorge Castañeda —secretario de Relaciones Exteriores cuando Arturo Montiel era gobernador— y Rubén Aguilar, vocero del ex presidente Vicente Fox, revelaron en el libro La diferencia, lo siguiente en torno a este mismo suceso:
“(Montiel) debido a sus líos matrimoniales, patrimoniales y anímicos, se fue a refugiar a San Diego para reconquistar a su esposa francesa. Ella, de acuerdo con fuentes de inteligencia y diplomáticas, había sido objeto de una golpiza mayúscula por parte de presuntos guardaespaldas de Montiel, como se denunció ante el Ministerio Público en Toluca, pero sobre todo, ante el consulado de Francia en México. El daño fue reparado, como debe ser en estos casos, mediante la compra de una fastuosa casa de playa en la isla francesa de Saint-Barthélemy, pagada con maletín de efectivo, por lo que se abrió una averiguación de las autoridades galas con el Cisen e Interpol México. Montiel estaba en eso, y se desentendió de lo otro, que al final importaba menos que el amor”.
Lo que no mencionaron Castañeda y Aguilar en su libro editado por Grijalbo es que el 21 de noviembre de 2003, dos días antes de que Maude fuera golpeada cuando llevaba cinco meses de embarazo, el instructor de tenis de mesa Mario Palacios Montarcé había sido ejecutado y su muerte se había disfrazado como un asalto que a la fecha no se ha investigado.
(CONTINUARÁ…)