Política

Imprudencia mortal

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Cada accidente de tránsito deja algo más que vehículos dañados pues detrás de cada choque hay familias que enfrentan pérdidas económicas, lesiones permanentes o la muerte de un ser querido. Sin embargo, en Pachuca y su zona metropolitana la imprudencia al volante parece haberse convertido en parte del paisaje urbano, se normalizó la prisa y la idea de que las reglas de tránsito son opcionales solo hay que darnos una vuelta por la ciudad.

Durante los últimos once años Hidalgo registró 38 mil 220 accidentes de tránsito en zonas urbanas y suburbanas… un percance cada dos horas y media, murieron 490 personas en el lugar del siniestro y más de siete mil resultaron lesionadas lo que constituye un problema estructural de seguridad pública y de salud que la sociedad ha aprendido, equivocadamente, a tolerar.

Quien conduce diariamente por Pachuca sabe que el reglamento suele quedar relegado. Es común encontrar vehículos que invaden pasos peatonales, se detienen en las glorietas “para ceder el paso”, no respetan los altos,  motociclistas sin casco, automovilistas que utilizan el teléfono mientras manejan, conductores que ignoran los límites de velocidad y peatones que cruzan avenidas por donde les resulta más cómodo, aunque pongan en riesgo su vida. Cada una de esas conductas incrementa la posibilidad de una tragedia.

Por ello resulta pertinente abrir el debate sobre el endurecimiento de los requisitos para obtener una licencia de conducir y exigir a todos los usuarios del espacio público una educación vial pertinente y urgente.

Manejar un vehículo implica controlar una máquina de más de una tonelada capaz de causar daños irreparables y no debería bastar con cumplir un trámite administrativo. La licencia tendría que acreditar conocimientos sólidos del reglamento, habilidades prácticas y una comprensión real de la responsabilidad que significa conducir.

Pero sería un error pensar que una evaluación más estricta resolverá, por sí sola, el problema pues la seguridad vial no depende únicamente de quienes se sientan detrás del volante. También exige peatones responsables, ciclistas visibles, motociclistas protegidos, autoridades que hagan cumplir la ley e infraestructura diseñada para prevenir errores humanos. La cultura vial no se impone con un examen; se construye mediante educación, vigilancia permanente y sanciones efectivas.

En Pachuca persiste una percepción de impunidad frente a las infracciones, y las autoridades de tránsito pues es común ver a diario muchos conductores que aceleran porque consideran improbable ser sancionados; otros, estacionan sus vehículos sobre banquetas, en doble fila, en cordón amarillo, y lo peor en lugares para personas con discapacidad porque están convencidos de que no ocurrirá nada.

Las ciudades que han logrado reducir significativamente los accidentes comparten una característica: respeto a las normas de tránsito, una cultura vial irreprochable y cero impunidad a quien violente las reglas… las calles, banquetas, avenidas y todo espacio por el que circulamos es público y pertenece a todos.

Debemos apostar por combinar educación vial desde edades tempranas, infraestructura segura, controles efectivos de velocidad y una aplicación estricta del reglamento. El resultado no es limitar la movilidad, sino proteger la vida e Hidalgo tiene una oportunidad para avanzar en esa dirección.


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Miguel Ángel Puértolas
  • Miguel Ángel Puértolas
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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