No hablamos de salud ni de democracia, mucho menos de política, sino de ética y su ausencia que estanca el discurso. Sin ética se emparentan los términos bajo los que nos referimos al cubrebocas y su protección contra la enfermedad, las estructuras electorales o la ley. Sin ética ni responsabilidad, el Presidente apenas alcanza a ver un pedazo de tela en la defensa sanitaria indiscutible y, con la misma lógica, se transforman en pedazos los objetos del debate. Democracia, política, pandemia y derecho dejan de ser sujeto para convertirse en insumo retórico. El instinto no acepta las reglas de la prudencia.
El movimiento que llegó al poder muestra cotidianamente su incapacidad por dejar de serlo. Comportarse como tal es constructo colectivo. No es lo mismo un político que un activista político.
La ausencia de ética permite la pantomima de politizar sin hacer política, romper la naturaleza de la democracia y diluir la capacidad de contener aquello que surge de su manipulación. Por sí mismas, ni democracia ni política están blindadas contra la mentira y la sinrazón. México es un país que conoce sus saldos. La ética es lo único que imprime responsabilidad pública. Al no contar con ella, el Presidente incluso insiste en el uso peyorativo de lo que entiende como extranjería.
En México, la ley está acostumbrada a ser el espacio donde la búsqueda del revés sustituye a la justicia. La capacidad de maniobra se aplaude para que la apariencia de ley haga legalidad. La misma herramienta con la que ese movimiento se adueñó del Legislativo, se invoca para ignorar los límites comunes cada que sea necesario. El espacio de discusión de las materias de Estado coquetea una vez más con ser la ventanilla a la que acude el Ejecutivo.
Seguridad, violencia, salud o gobernanza. Al movimiento no le gusta la Constitución, prefiere su propio y muy pequeño libro de reglas donde prima la lealtad sobre la responsabilidad. Para limitar las consecuencias sociales de la interpretación ética construimos leyes. Su utilidad social es limitar el margen de error en la subjetividad individual.
Al movimiento le importa más la lealtad que la ética. Por lealtad, sus prominentes desechan el pedazo de tela.
@_Maruan