En una ciudad cada vez más caliente, más dura y más hecha para trasladarse en automóvil que para habitarse a pie, un recorrido por el Jardín Botánico Anacahuita puede parecer una actividad pequeña: caminar, observar aves, reconocer plantas, escuchar a quienes saben leer el paisaje.
Pero quizá por eso importa tanto. Porque en urbes donde los espacios verdes son escasos, cada jardín abierto se vuelve una forma de resistencia. Es por eso que, este próximo sábado 27 de junio, a las 10:00 de la mañana, Jane’s Walk Ciudad Victoria realizará un recorrido peatonal por el Jardín Botánico Anacahuita junto a la Tropa Pajarera, una organización que ha dedicado su trabajo a observar, registrar y compartir la riqueza natural de la región.
La actividad será gratuita y buscará acercarnos a la flora y fauna endémica que muchas veces pasa desapercibida, incluso cuando está frente a nosotros.
Sin embargo, el evento también abre una pregunta más incómoda: ¿por qué tenemos que organizar recorridos especiales para recordar que la naturaleza existe dentro de la ciudad?
La OMS ha sido citada durante años por recomendar al menos 9 metros cuadrados de área verde por habitante. Más allá de la cifra exacta, el mensaje es claro: las áreas verdes no son decoración urbana. Son infraestructura de salud pública. Reducen el calor, mejoran la calidad del aire, ofrecen sombra, permiten caminar, descansar, convivir, observar, respirar. Son tan necesarias como una calle, una escuela o una banqueta segura.
No obstante, en muchas ciudades mexicanas seguimos tratando los parques, jardines y corredores arbolados como sobras del desarrollo urbano. Primero se construye, se pavimenta, se expande la mancha urbana, se talan árboles para “mejorar” vialidades, y después, si queda espacio, se coloca una jardinera. Hemos normalizado vivir entre planchas de concreto, avenidas imposibles de cruzar y banquetas sin sombra, como si el derecho a caminar sin achicharrarnos fuera un lujo.
La crisis de áreas verdes también es una crisis de desigualdad. No todas las personas tienen un patio, un coche para ir a un parque lejano o tiempo para escapar de la ciudad el fin de semana. Para muchas familias, niñas, adultos mayores y personas que se mueven a pie, el espacio público cercano es el único contacto cotidiano con la naturaleza. Y cuando ese espacio no existe, la ciudad también les está diciendo quién merece descansar, jugar, caminar o simplemente estar.
Por eso un jardín botánico no debería sentirse como un secreto. Debería ser parte de una red viva de espacios públicos accesibles, cuidados y conectados. Un lugar donde aprender sobre aves y plantas, sí, pero también donde entender que la biodiversidad no está “afuera” de la ciudad: estaba aquí antes que nosotros y sigue intentando sobrevivir entre nuestras decisiones urbanas.
Caminar el Jardín Botánico Anacahuita es una invitación a mirar mejor. A reconocer que una ciudad no se mide solo por sus avenidas, sus fraccionamientos o sus plazas comerciales, sino por la vida que permite sostener. También es una forma de decir que necesitamos más árboles, más sombra, más jardines, más suelo vivo y menos resignación.
La cita es este sábado 27 de junio. Se recomienda llegar a las 9:40 para iniciar puntuales. El recorrido durará aproximadamente una hora y media. Hay que asistir con ropa cómoda, gorra, protector solar y repelente. Meta Pool patrocinará algunos miralejos para participantes registrados.
Porque caminar también es una forma de reclamar la ciudad. Y porque el jardín secreto sí existe, pero ya es hora de que deje de ser secreto.