Política

Volver al origen: la raíz y el rumbo

El viraje de fondo en Morena no solo era necesario: era impostergable. Y no es una lectura exclusiva desde el centro del país. También desde el exterior —particularmente desde Estados Unidos, donde miles de militantes han y hemos sostenido la causa a la distancia— la exigencia de corregir el rumbo se volvió un reclamo constante.

Quienes construimos este movimiento desde cero, caminando junto a Andrés Manuel López Obrador, sabemos distinguir entre convicción y oportunismo. Por eso, lo ocurrido en los últimos años no pasó desapercibido: candidaturas entregadas como cuotas, espacios ocupados por perfiles sin arraigo y decisiones tomadas desde ámbitos alejados del territorio y de la base, operadas por dirigentes que se apartaron de los principios del movimiento y por emisarios que, en la opacidad de esas prácticas, terminan reducidos a lo que son: operadores sin identidad política, intercambiables, casi anodinos mandriles de una maquinaria que desprecia la militancia.

La militancia en el exterior ha sido particularmente clara: el “agandalle” de posiciones por parte de personajes vinculados al PRI y al PAN —sin trabajo previo, sin compromiso real y sin historia dentro del movimiento— no solo es una falta política, sino una afrenta directa a quienes hemos sostenido este proyecto con trabajo, convicción y lealtad.

No se puede construir transformación reciclando prácticas.

Desde la perspectiva de quienes somos migrantes, pero también nacionalistas; profesionales, pero también militantes; servidores públicos y, sobre todo, obradoristas, celebramos que se haya entendido el momento histórico y se actúe en consecuencia. La reconfiguración de la operación política abre una posibilidad real de corregir excesos y cerrar el paso al oportunismo.

En ese escenario, perfiles con trayectoria y formación como Estela Damián Peralta representan una oportunidad para recuperar orden, institucionalidad y, sobre todo, congruencia. Pero el mensaje debe ser claro: si existieron acuerdos para repartir candidaturas al margen de la militancia, esos acuerdos deben cancelarse. Sin matices.

Esto no es un ajuste menor. Es una redefinición del rumbo.

Y también es una advertencia: cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar. Lo que comenzó a nivel nacional inevitablemente tendrá repercusiones en los estados, donde prácticas similares han echado raíces.

La militancia —dentro y fuera del país— ya habló. No se trata de desplazar a nadie por capricho, sino de restituir un principio básico: en Morena, los espacios deben ganarse con trabajo, territorio y lealtad al proyecto, no por relaciones ni por coyunturas.

El punto de inflexión ya se dio, y una nueva etapa —o quizá la recuperación de la original— ha comenzado. Ahora toca demostrar que no fue solo un gesto, sino el inicio de una verdadera rectificación, no solo como un acto de congruencia y justicia, sino por la necesidad de recuperar la sustancia que dio origen a esta transformación.


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Manuel Aranda
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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