Política

Nueva cancillería mexicana y nuevo escenario mundial

La reciente ratificación en el Senado de Roberto Velasco como titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores marca un punto de inflexión en la política exterior mexicana. Joven, cercano al proyecto de la presidenta Claudia Sheinbaum y depositario de su confianza, Roberto Velasco llega a una de las posiciones más complejas del gabinete en un momento de turbulencia global que exige no solo oficio político, sino una visión firme, soberana y con memoria histórica.

El reto inmediato está en la relación con Estados Unidos, hoy tensada por políticas abiertamente antiinmigrantes que han recrudecido el trato indigno hacia miles de personas detenidas, particularmente mexicanas. En ese contexto, la nueva generación de diplomáticos en varios de los consulados estadounidenses, ha asumido con mayor claridad su papel como primera línea de defensa de nuestros migrantes. Ese esfuerzo, que ya venía tomando forma, seguramente se verá reforzado con el ímpetu de Velasco, quien precisamente conoce a profundidad la agenda norteamericana tras su paso previo por esa misma responsabilidad dentro de la cancillería.

Pero México no solo dialoga con su vecino del norte: también se define por su tradición diplomática. Ahí destaca el respaldo histórico a Cuba frente a más de seis décadas de embargo económico, una política de asfixia que ni Estados Unidos ni sus aliados, como Israel, han logrado imponer para doblegar a la isla amiga de México, mención hecha hoy en el Senado por el novel canciller.  Esa postura no es menor: habla de una vocación de independencia y de una política exterior basada en férreos principios, no en presiones.

El escenario global, además, se encuentra marcado por conflictos que exhiben los límites del poder estadounidense. Las recientes tensiones en Medio Oriente han puesto en entredicho la narrativa de superioridad militar, revelando errores estratégicos y un desgaste que repercute en su credibilidad internacional. Frente a ello, se despliegan también intentos de controlar la narrativa a través de influencias mediáticas y diplomáticas.

En este contexto de reacomodo geopolítico, México tiene la oportunidad de asumir un papel más activo y menos subordinado. Esta nueva cancillería, ahora deberá apostar por una diplomacia que defienda con firmeza a sus connacionales, que mantenga una relación digna con el vecino del norte y que, al mismo tiempo, fortalezca vínculos con otras regiones del mundo.

Hoy más que nunca, la política exterior mexicana está llamada a ser instrumento de soberanía y dignidad. El desafío no es menor, pero tampoco lo es la oportunidad.


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Manuel Aranda
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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