La semana pasada entrevisté al Secretario de Economía, Marcelo Ebrard. México pasa por un momento crítico, en donde la relación comercial con nuestro principal socio se encuentra bajo constante cuestionamiento.
Ebrard comenzó explicándonos que es esencial entender que estamos sentándonos a la mesa de negociación frente a una administración que es liderada por una persona que simplemente no cree en el libre comercio.
El nuestro es un país que lleva tres décadas construyéndose sobre el concepto del libre comercio. Pero a nuestro socio hoy lo representa alguien que, incluso en términos filosóficos, no simpatiza con esa fórmula.
En este sentido, insistió, nuestra prioridad es quedar mejor parados que los demás países. “El objetivo estratégico nuestro ha sido que tengamos la mejor posición relativa respecto a cualquier otro país”, me dijo. “Si va a haber aranceles, que otros paguen más que nosotros. Y si no va a haber aranceles en algunos productos, que nosotros tengamos más productos sin aranceles”.
México hoy tiene ventajas importantes porque somos ya el principal exportador y por la capacidad de manufactura que existe en el país.
Hablamos además de las importaciones de China, de la necesidad de detonar mayor inversión en segmentos que podrían ser sumamente valiosos, y también de cómo nos perciben los líderes empresariales extranjeros que vienen a México.
Fue muy asertivo en la urgencia que hay de agilizar los trámites que hoy atoran a los empresarios —sobre todo a empresarios pequeños y medianos. En otros temas, como la necesidad de generarle confianza a la iniciativa privada para acelerar las inversiones, me hubiera gustado ver un mensaje más contundente de su parte.
Por lo pronto, el secretario reconoce que se viene un periodo difícil.
“Vamos a tener un proceso complejo de negociaciones. En este vuelo vamos a tener turbulencia. No es para espantarnos, pero no se va a sentir bien. Pero vamos a llegar a un punto en donde sí podemos crecer mucho y la economía mexicana se va a diversificar”.
Es un momento crítico para México.
Todo mundo sabe más que Tim
Con esto del reemplazo del CEO de Apple —sale Tim Cook y en su lugar entra John Ternus— me llama la atención el énfasis que hace una buena parte de la prensa en lo que consideran sus fracasos o errores. Entre otras cosas, lo critican porque en sus 15 años a la cabeza de Apple no lanzó al mercado un producto que lograra crecer a los niveles de popularidad y penetración del iPhone, y alegan también que no tiene una buena estrategia de inteligencia artificial.
Es difícil dimensionar lo que logró Cook. La utilidad neta de Apple se multiplicó 4.3 veces mientras él estuvo a cargo de la organización, que además vio su capitalización de mercado crecer de 350 mil millones de dólares, a más 4 trillones (en el sentido americano del término). Un dato que me parece especialmente poderoso: la división de servicios —que genera sobre todo ingresos recurrentes, como las suscripciones a TV+, iCloud y Apple Pay— pasó de ser un negocio de unos 10 mil millones de dólares anuales, a uno que contribuyó el año pasado con más de 108 mil millones de ingresos. Es una locura.
Qué fácil es criticar.