Política

¿Por qué y para qué la corrupción y los corruptos?

  • Columna de Juan Noé Fernández Andrade
  • ¿Por qué y para qué la corrupción y los corruptos?
  • Juan Noé Fernández Andrade

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En nuestro país no salimos de un ejemplo de corrupción cuando se sabe de otro, otro y otros… México se ubica, según lo informa el índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, en el puesto 141 de entre 182 países sometidos a esa evaluación en el mundo. La deshonra nos persigue.

¿Somos corruptos por naturaleza? ¿Qué nos hace caer en esas acciones inmorales? ¿Por qué nos gana acometer tal acción?

Ignoro si se deba a un tema neuronal, científico, innato. Lo que sí sabemos, porque no hay día que no nos enteremos de más casos de corrupción, es que, pese a la diversidad de tamaños, cualquier acción corrupta no aminora por pequeña que sea. 

El señalamiento cabe, se juzga y sentencia y punto: tal persona es corrupta, en ese partido político son corruptos, en tal gobierno federal estatal o municipal la corrupción fue monumental, en esa empresa alteraron sus cuentas para evadir impuestos, en el sindicato hubo cochupo y por eso fulano o fulana ganó el puesto, la elección fue amañada para alzarle la mano a perengano (a), el contador es un transa, como lo es el abogado, el arquitecto, el ingeniero, el médico, el policía, el agente de vialidad, el mecánico, el carpintero, el cajero, el inspector de esto o de aquello, el funcionario universitario, las televisoras, los bancos, los dueños de equipos profesionales de futbol. 

Las y los periodistas también. Obvio, con las salvedades de siempre.

¿Quién nos enseña o cómo es que nos hacemos corruptos?

Si es una enfermedad, en México es mortal, no encontramos su cura, y es una epidemia de la que nadie se salva.

Si es un acto inmoral, ¿nos es consustancial?

Tendría yo que consultar con expertos científicos para dilucidar el tema.

Por ahora, en lo que nos compete como mexicanos, para nuestra desgracia, la esfera política, gubernamental –principalmente- nos avienta al rostro ejemplos emblemáticos de corrupción (sin que esto deje fuera de la órbita a empresarios íntimamente vinculados al poder político). 

Algunos: lo que ocurre hoy en el Instituto Nacional Electoral (INE), el llamado Huachicol fiscal, el caso Odebrecht, la “Estafa Maestra”, el de la Segalmex, la Casa Blanca, el Fobaproa, el de Oceanografía; y todo el lavado de dinero; malversación y desvío de fondos; incumplimiento de obligaciones fiscales y financieras…

La maldad, fincada en una ambición enfermiza por el dinero, lleva a causar ese daño que ha lastimado al país, pero también a Coahuila, a Torreón. 

¿Qué sabemos de la deuda pública estatal aquí? ¿Cómo va el caso del Sistema Municipal de Aguas y Saneamiento (SIMAS)? El monto heredado por el moreirato ya alcanzó más de 40 mil millones de pesos y esto ha obligado a que se hayan pagado hasta hoy casi 5 mil 700 millones de pesos de intereses, más del doble que se ha canalizado a obra pública. 

En cuatro meses, el actual alcalde de Torreón, Miguel Riquelme, ha encontrado graves problemas de corrupción en la administración que relevó por el fallecimiento de su antecesor. ¿Quién pagará esos actos criminales?

¿Por qué llegan a puestos de decisión política gente sin escrúpulos ni ética? ¿Por qué permitimos que sean candidatos (as)? ¿Los partidos políticos son nidos de delincuentes?

¿No eran corruptos y ahora sí porque hay mucho dinero a su disposición y al alcance de sus manos? Mal, muy mal andamos. 

Difícil comprender, pese a la experiencia de andar hace muchos años en esto del periodismo donde uno escucha, ve y prueba y comprueba actos de esa naturaleza -como a su vez la ausencia de ética, de valores-, ¿cómo es que instrumentalizan estrategias para robar y mantenerse de pie, hipócritamente, y con una sonrisa y una narrativa falsa que contraviene toda idea en contrario?

En este tiempo en que lo anormal se normaliza, que se premia con cargos, designaciones y puestos a verdaderos (as) indeseables, que las políticas públicas atentan contra la sociedad, que el entorno es corrompido sin un ápice de reflexión, que se violenta la vida individual y colectiva, que se rompe y quebranta el equilibrio que debiera existir para frenar la descomposición que padecemos, no se ve cuándo ni cómo ni quién pudiera ser capaz, o podamos ser capaces, de detener a esa mafia, a ese mafioso.

La corrupción es un problema ético muy concreto, aquí, allá y más allá. 

No hay diferencia entre quienes deciden corromper y/o corromperse, ni el andar bien vestido o vivir en la orilla, en el centro o en las zonas confortables, andar a pie o en vehículo. No. 

Como tampoco solo es en dinero sino que tiene múltiples formas el ser corrupto, el corromper.

Lastimosamente el sistema en el que vivimos, en el que millones apenas sobreviven, ha tolerado, por su propia conveniencia, ha permitido, ha tolerado que en México, en el estado, en el municipio, así suceda: la corrupción no pierda el paso.

Cuidado. En tanto el engaño continúe, la burla sonría, el delito de la corrupción se enseñoree y no encontremos la forma y fórmula para desterrarlo, el control de nuestra vida seguirá en esas manos.

Sobre la bola de corruptos ¿qué dirán en sus familias? ¿Qué argumentará sus parejas? ¿Y sus hijos? ¿Sus hermanos? ¿Y la prensa?

Si como sociedad permanecemos estáticos ante esta calamidad sistémica, ¿nos sorprenderá enterarnos de más y más casos de corrupción? ¿Qué haremos? 

Aquí se denuncia al vecino cochino, ¿y al funcionario quién lo desenmascara y hasta cuándo? ¿Por qué y para qué sirven la corrupción y los corruptos?

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