Negocios

Hasta los estudiantes universitarios han dejado de socializar

  • Cómo construir una vida
  • Hasta los estudiantes universitarios han dejado de socializar
  • Arthur C. Brooks

Milenio M logo
Únete al canal de Milenio  
Braulio Montes
Braulio Montes

M+.- Si alguien pudiera ser inmune a la epidemia de soledad que afecta a Estados Unidos, serían los estudiantes universitarios. Desde hace años los estudiantes asisten a menos fiestas y pasan más tiempo a solas. Sin embargo, la vida universitaria históricamente ha girado tanto en torno a la socialización -o para decirlo claramente, a las fiestas- como a la educación. Es el entorno donde los jóvenes se liberan de la supervisión parental, se mudan con compañeros de cuarto y se encuentran con miles de posibles nuevas amistades.

Pero el siglo antisocial ha llegado a los campus. Los estudiantes actuales dedican mucho menos tiempo a socializar que las generaciones anteriores.

En 1994, hasta 32 por ciento de los estudiantes de último año pasaban más de seis horas a la semana de fiesta; para 2026, esa cifra se redujo a 21 por ciento, según un análisis de datos realizado por el Higher Education Research Institute de la UCLA. La proporción de quienes pasan más de seis horas semanales socializando con amigos cayó de 74 a 65 por ciento durante el mismo periodo.

Al mismo tiempo, la proporción de estudiantes de primer año que afirman sentirse a menudo aislados de la vida universitaria aumentó más del doble en las últimas dos décadas.

Aunque estas encuestas no son representativas a nivel nacional, coinciden con las observaciones anecdóticas compartidas por profesores, administradores y estudiantes.

A escala nacional, los estudiantes universitarios reportan niveles de soledad más altos que los adultos. En la National Survey of Student Engagement (Encuesta Nacional sobre la Participación Estudiantil), elaborada por el Center for Postsecondary Research de la Universidad de Indiana, un mayor número de estudiantes afirma mantener interacciones positivas con sus profesores que con sus propios compañeros.

Un estudiante del MIT, próximo a cursar su último año, me confesó que, a pesar de participar en la vida de las fraternidades y en actividades deportivas, la mayoría de los días come solo. “Me considero una persona que busca la interacción social”, comentó, “pero la paso solo al menos cuatro o cinco días a la semana”. (El estudiante prefirió mantener el anonimato).

Actualmente, las autoridades universitarias se encuentran en la peculiar situación de tener que animar a los estudiantes a pasar más tiempo divirtiéndose con sus amigos.

Los investigadores que estudian las interacciones sociales tienen varias teorías sobre lo que está pasando.

La primera es que los smartphones y las redes sociales son los responsables. Gran parte del aumento de la soledad se produjo durante la década de 2010, coincidiendo con el momento en que el iPhone se volvió omnipresente, me dijo Daniel Eisenberg, profesor de política y administración de salud en la UCLA.

El tiempo dedicado a las redes sociales desplazó al que, anteriormente, las personas dedicaban a la interacción social.

Además, a los estudiantes les resulta fácil sentir que su propia vida social palidece en comparación con lo que ven en las selecciones de momentos destacados en Instagram y TikTok.

Por otro lado, las actividades extracurriculares, que alguna vez fueron un pilar fundamental de la vida social en el campus, mutaron hasta convertirse en un medio para destacar ante los empleadores en una época marcada por la inflación de las calificaciones.

Especialmente en las universidades de élite, los clubes se parecen más a empleos que a oportunidades para socializar. Los clubes de finanzas y consultoría exigen a los estudiantes presentar currículos, someterse a entrevistas y preparar simulacros de casos o proyectos.

Incluso los grupos de improvisación, los conjuntos a capela y algunas organizaciones de voluntariado solamente admiten a unos cuantos elegidos.

Cat Moore, quien durante seis años ocupó el cargo de directora de “sentido de pertenencia” en la Universidad del Sur de California (USC), me comentó que los estudiantes están más ocupados que nunca con actividades extracurriculares, empleos y solicitudes de prácticas profesionales.

Incluso cuando intentan reservar tiempo para socializar, esto suele derivar en una actividad de creación de redes de contactos. “La USC cuenta con más de mil clubes estudiantiles y, aun así, la soledad está fuera de control”, dijo Moore. “Por tanto, la solución no es crear más clubes ni ofrecer más programas”.

La pandemia dejó una huella duradera en la interacción presencial dentro de los campus. En parte, se trata de una cuestión psicológica: muchos de los universitarios actuales estaban en secundaria cuando las clases y actividades pasaron a realizarse de forma remota.

Según Ryan Patel, subdirector de psiquiatría en la Universidad Estatal de Ohio, estos jóvenes se perdieron una etapa crucial para aprender a interactuar con los demás.

“Cuando pierdes la práctica en este tipo de interacciones, tu capacidad para llevarlas a cabo en el presente puede verse afectada”, dijo Patel.

Las autoridades ya notan este desarrollo social limitado entre los estudiantes. Justin Schwartz, rector de la Universidad de Colorado en Boulder, dijo que él y sus colegas ahora deben acompañar a los estudiantes a través de desafíos que, en el pasado, muchos habrían afrontado en la adolescencia: desde probar el alcohol por primera vez, hasta vivir sus primeras relaciones sentimentales, con los corazones rotos que estas conllevan.

Entre 2019 y 2024, el porcentaje de estudiantes universitarios que afirmaron no haber tenido nunca relaciones sexuales aumentó 10 puntos porcentuales, según la National College Health Assesment (Evaluación Nacional de Salud Universitaria).

La pandemia también provocó cambios en el funcionamiento de las universidades. Actualmente ofrecen de manera habitual clases a distancia, y los profesores se ven presionados a grabar y publicar videos de sus clases.

Previo a la pandemia, 15 por ciento de los estudiantes universitarios cursaban sus estudios totalmente de forma remota. En 2024, según datos federales, la cifra alcanzó 24 por ciento.

“A lo largo del camino, se han perdido interacciones sociales que, de otro modo, habrías tenido con otras personas”, comenta Patel, de la OSU. “Caminar por un pasillo y cruzarte con alguien, sostenerle la puerta a otra persona, ir al comedor, dirigirte a clase y encontrarte con gente por el camino... ese tipo de interacciones sociales han desaparecido”.

Un estudiante del MIT, que cursa su último año, señaló que, dado que las clases se publican en línea y las calificaciones dependen principalmente de exámenes, es probable que menos de una cuarta parte de sus compañeros asista a una clase habitual.

“Tengo una materia en la que, en teoría, debería coincidir con cinco de mis amigos”, me contó. “Pero luego voy a clase y paso toda la semana sin verlos realmente; es algo duro”.

Por supuesto, la universidad, un entorno donde muchos estudiantes se encuentran lejos de su familia y amigos por primera vez, siempre ha hecho que algunas personas se sientan solas.

Además, parte del aparente aumento de la soledad podría reflejar un cambio en la forma en que los estudiantes etiquetan sus sentimientos, más que un cambio en sus circunstancias reales.

“No cabe duda de que la soledad ha aumentado entre los jóvenes”, dice Richard Weissbourd, profesor de Posgrado en Educación de Harvard. No obstante, también considera que este cambio se debe, en parte, a que los estudiantes perciben el deseo, por lo demás normal, de tener más amigos como algo inusual o incluso patológico.

Es posible que generaciones anteriores se sintieran igual de desconectadas, pero decidieran no definirse a sí mismas como personas solitarias. “Esta es la generación con mayor conocimiento de psicología y capacidad de expresión de la historia”, dice. “Las personas son mucho más hábiles a la hora de identificar sus estados emocionales y están mucho más dispuestas a ponerles nombre”.

Esta tendencia plantea un reto para los responsables de la educación superior que abordan las elevadas tasas de soledad.

En la USC, por ejemplo, Moore desarrolló un curso para enseñar a los estudiantes a hacer amigos, una iniciativa que ahora también se utiliza en el MIT. Sin embargo, poner el foco en este problema conlleva el riesgo de aumentar el número de estudiantes que declaran sentirse solos.

Según Eisenberg, de UCLA, es normal e incluso importante que los estudiantes atraviesen dificultades en su adaptación a un nuevo entorno; eso les ayuda a crecer.

Algunos administradores exploran soluciones más creativas. Brian Casey, presidente de la Universidad Colgate, mandó construir nuevos senderos a través de las zonas verdes del campus para aumentar las probabilidades de que los estudiantes se encuentren físicamente.

Ha invertido en el paisajismo para embellecer el entorno y animar a los estudiantes a pasar tiempo al aire libre.

Además, insiste en que los nuevos edificios se diseñen con más zonas comunales, con el fin de propiciar, y forzar, la interacción. “Entre más logre que los estudiantes se crucen entre sí, mejor”.

Ya sea gracias a intervenciones de este tipo o porque la pandemia queda cada vez más atrás, existen señales de que la soledad entre los estudiantes empieza a disminuir.

El estudio Healthy Minds Study, en el que participa Eisenberg, registró un ligero descenso en los últimos años, volviendo a los niveles previos a la pandemia de Covid-19.

Mary Hoban, directora de investigación de la American College Health Association, comentó que en la National College Health Assessment se observa una tendencia similar.

Pero, aunque las cifras estén regresando a los niveles anteriores a la pandemia, esto significa que alrededor la mitad de los estudiantes se sienten solos. “Sigue siendo una cifra alarmantemente alta”, señaló. “Tenemos un problema y debemos abordarlo”. ¿Y todas esas fiestas a las que solían asistir los estudiantes universitarios? Tal vez, después de todo, cumplían una función.


Google news logo
Síguenos en
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.