Cultura

Elogio de la imperfección

En todas las cosas hay una grieta por la que entra la luz. Esta idea que aparece, famosamente, en la canción Anthem, de Leonard Cohen, nos sugiere, por una parte, que no existe la oscuridad total y, por otra, que cualquier cosa, por sólida que parezca, siempre tiene una grieta, un crack dice Cohen en inglés, un desperfecto por el que puede entrar la luz, pero también escaparse.

La grieta que tienen todas las cosas, y yo diría que también todas las personas, sirve de entrada y de salida: certifica nuestra imperfección. Porque la perfección no existe en nuestro mundo, podemos aspirar a ella pero nunca conseguirla porque somos, naturalmente, imperfectos.

La perfección se agota en sí misma, tiene lugar en un sistema cerrado que no admite variaciones porque cualquier alteración puede volverla imperfecta; en cambio lo imperfecto, al contar con esa grieta que, inspirado en la nebulosa del budismo, detectó el poeta, permite que agentes externos, como la luz por decir algo, se integren al sistema. La perfección de un cuerpo, que no tuviera un solo contrapunto de imperfección, resultaría inapreciable; igual que la oscuridad sería invisible sin una partícula de luz.

La perfección nos queda grande pero quizá, haciendo caso a Baudelaire, otro poeta, podríamos alcanzarla durante un instante: “No son ya minutos, no son ya segundos. El tiempo ha desaparecido, reina la eternidad”. Y después de esa eternidad fugaz volvemos a nuestra consustancial imperfección, pero ya habiendo experimentado la perfección, como quien mira durante un momento por el ojo de la divinidad y, un instante después, ya está mirando con sus propios ojos.

Es gracias a nuestra imperfección que necesitamos de las otras personas, que nos enamoramos y hacemos amigos y tenemos ambiciones, proyectos y sueños. Por esa bendita grieta que señala el poeta entra y sale el mundo entero.

A la perfección nunca hay que perderla de vista, hay que mirarla de lejos, tenerla localizada, considerarla un referente, incluso un modelo, y procurar no alcanzarla nunca.  

Jordi Soler


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Jordi Soler
  • Jordi Soler
  • Es escritor y poeta mexicano (16 de diciembre de 1963), fue productor y locutor de radio a finales del siglo XX; Vive en la ciudad de Barcelona desde 2003. Es autor de libros como Los rojos de ultramar, Usos rudimentarios de la selva y Los hijos del volcán. Publica los lunes su columna Melancolía de la Resistencia.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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