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Miércoles , 24.04.2019 / 09:42 Hoy

Areópago

¿La larga cuaresma?

Jesús de la Torre T. Pbro.

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En nuestras costumbres cotidianas hablamos de alguien que es “largo como la cuaresma” cuando advertimos que un prójimo largo en su exposición, en su predicación, o sea que nos fastidia y nos tiene ya hasta el gorro. 

Esto sucede en gran parte porque ya la cuaresma la empleamos para comer pescado, capirotada, nopalitos, torrejas; la Semana Santa es para programar vacaciones y para que algunos pocos vayan a viacrucis tipo espectáculo. 

La Pascua sólo sirve para saber que ya terminó un periodo religioso, y que sigue otro. 

Pero por lo menos por cultura histórica, deberíamos saber que los primeros cristianos, los de los siglos segundo al cuarto, diseñaron el tiempo de la cuaresma como un camino que culmina en el Sábado Santo, la fiesta más notable de los creyentes, en cuya noche se hacían los bautismos de adultos, que venían de una larga preparación, mediante la institución del llamado “catecumenado”. 

Pero la Iglesia perseguida por los emperadores romanos, encontró simpatía con el emperador Constantino el Grade, quién en el año 314, dio el edicto de tolerancia, por el que se le daba ciudadanía a la Iglesia y el Imperio Romano obsequiaba para el culto grandes salas de justicia, que pasaron a ser catedrales y basílicas. Al Papa, el emperador Constantino le construyó una basílica en Roma. 

Así la Iglesia y el Imperio romano comenzaron a ser aliados. Poder político y culto se cargaron a las espaldas al mundo. 

El catecumenado poco a poco fue decayendo. La Iglesia aliada al poder político, se hizo fuerte y se embarró de muchos vicios propios del imperio. Por el siglo noveno, casi desapareció el catecumenado. El cristianismo se hace también político, de la política mala. 

La formación cristiana baja en calidad, y poco preocupa porque se goza de las mieles del poder. La cuaresma resistió a los cambios, pero con fuertes modificaciones porque faltaba mucha raíz bíblica.

Apareció la celebración espectacular, y los enemigos de la Iglesia aprovecharon para hacer algunas burlas de las prácticas de fe, y sobre todo, de las inevitables fallas de gente notable del cristianismo, cuya coherencia entre fe y vida, dejan mucho qué desear. 

Hoy día, la Iglesia sigue enseñando la necesidad del cambio de vida, para unir la fe con la vida en un mundo conflictivo, alejada cada vez más de la verdad. 

La cuaresma se torna como un espacio temporal para volver a las fuentes del cristianismo, a la altura de los nuevos tiempos. Hoy no se puede ser buen creyente solo con la práctica de devociones, sino con militancias arraigadas en la entraña de lo social, que se empeña en combatir la corrupción, la mentira.

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