Cultura

Salvador Castañeda, in memoriam

  • Ruta norte
  • Salvador Castañeda, in memoriam
  • Jaime Muñoz Vargas

El primero de abril pasado murió Salvador Castañeda. Lo vi sólo un par de veces, ambas breves, ambas en Torreón. 

Lo recuerdo bajito, un tanto distante, muy callado. 

Era paisano y colega escritor de La Laguna, y por esto lo invité a responder una batería de preguntas para mi libro Solazos y resolanas. 

No respondió las preguntas una por una, sino con algunos párrafos que se distanciaban un poco del cuestionario, pero por supuesto respetaron esencialmente mi solicitud de contar pormenores de su vida y de su obra. 

Va aquí un fragmento de la respuesta de Salvado Castañeda, que en paz descanse.

Soy originario del ejido San Isidro, municipio de Matamoros de La Laguna; terminé el tercer año de instrucción primaria en la escuela con un solo salón y una sola maestra para los tres grados (no se podía arribar al siguiente grado sin salir de esa población). 

Así las cosas, me trasladé a otro ejido, éste del municipio de Torreón: La Paz. Des¬pués ingresé a la Escuela Secundaria y Preparatoria Venustiano Carranza. Luego de terminar la preparatoria, regresé al ejido a las labores agrícolas al lado de mi padre y los demás ejidatarios. 

Las razones para reintegrarme al campo fueron económicas. 

Luego de un par de años deambulé hacia Altos Hornos de México, a la Escuela de Agricultura «Antonio Narro» en busca de alguna posibilidad de ingreso. Todo eso resultó inútil y seguí en el ejido.

Conseguí acumular 200 pesos libres en lo que llamábamos pepena (recoger los últimos capullos de algodón luego de levantar la cosecha), y con ese capital y la decisión de ingresar a la UNAM, llegué a la ciudad de México en un tráiler carga¬do con pacas de algodón. 

Ya en la capital, donde por supuesto jamás había estado pero imaginaba, la mayor sorpresa fue encontrarme con una gran cantidad de información; publicaciones, noticias de todo el mundo (debo señalar que en el ejido San Isidro, en ese tiempo, no había energía eléctrica, ni agua potable, no llegaba ningún periódico de Torreón o de Matamoros).

En la ciudad de México todo me resultaba apabullante. 

La abundancia de impresos, de librerías, teatros, cines, exposiciones, etcétera. 

Todo esto, sin proponérmelo, me hacía reflexionar mediante la confrontación de las condi¬ciones de los ejidos y lo que veía en la ciudad…


@rutanortelaguna

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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