Política

¿Cómo nos pega la crisis?

  • La tercera de Isaac
  • ¿Cómo nos pega la crisis?
  • Carlos Gerardo Landeros Araujo

En México la inflación tiene una "doble cara" cuando hablamos de energía. 

A diferencia de otros países donde el precio sube directamente en la bomba de gasolina, aquí el gobierno actúa como un amortiguador, pero eso tiene un costo oculto muy alto.

Con el barril de petróleo coqueteando de nuevo con los 100 dólares debido a la inestabilidad en el Estrecho de Ormuz, el Gobierno de México ha reactivado con fuerza los estímulos fiscales al IEPS (Impuesto Especial sobre Producción y Servicios).

El efecto: Al no cobrar este impuesto para que la gasolina no suba de golpe (el famoso "gasolinazo"), el gobierno deja de recaudar. 

Se estima que este año el subsidio podría abrir un hoyo fiscal de hasta 220,000 millones de pesos.

La consecuencia: Menos dinero para inversión pública y programas sociales, lo que debilita el crecimiento a largo plazo.

Aunque no veas la gasolina subir 5 pesos de un día para otro, el costo del transporte de carga (que usa diésel) sí se encarece.

México importa una gran cantidad de insumos básicos y bienes de consumo. 

Si el flete internacional y el transporte terrestre suben por el costo energético global, los productos llegan más caros al anaquel.

Dato actual: La inflación anual en marzo de 2026 ya repuntó al 4.59%, impulsada en parte por este fenómeno y por los precios de agropecuarios.

A todo lo anterior debemos sumarle que el Banco de México se encuentra en una posición incómoda. Mientras la FED en Estados Unidos mantiene cautela por la inflación energética (proyectada en 2.8% allá), Banxico tiene que decidir si sigue bajando las tasas para reactivar la economía o si las mantiene altas para frenar el repunte de precios.

¿Por qué la energía es el "ADN" de todos los precios?

Para entenderlo, debemos visualizar la energía como el ingrediente principal de absolutamente todo lo que compramos. Si la energía sube, el costo de vida sube por tres vías principales:

En México, más del 80% de las mercancías se mueven por camión.

La lógica: El diésel es el alimento de esos camiones. 

Cuando el precio internacional del petróleo sube, el costo de mover una tonelada de maíz de Sinaloa a la Ciudad de México aumenta.

El resultado: El transportista no absorbe ese costo; se lo pasa al distribuidor, el distribuidor al comerciante, y el comerciante al consumidor final. 

Por eso, un conflicto en el Medio Oriente termina subiendo el precio del kilo de jitomate en el mercado local.

De igual forma, mucha gente olvida que el petróleo no solo es gasolina. Es la base de los fertilizantes, plásticos y empaques.

Si el petróleo está caro, producir fertilizantes es más costoso.

Sin fertilizantes baratos, las cosechas son más caras o menos abundantes.

Además, casi todo lo que compramos en el supermercado viene envuelto en plástico (derivado del petróleo). Si el empaque sube, el producto sube.

Y por último tenemos a la electricidad. Aunque las tarifas domésticas están subsidiadas, las tarifas de la gran industria suelen estar ligadas a los costos de generación.

En México, gran parte de nuestra electricidad se genera quemando gas natural (mucho del cual importamos de EE. UU.).

Los precios del gas suelen moverse en sintonía con el petróleo. Si la industria paga más por la luz para operar sus máquinas, ese costo extra se refleja en el precio final de los coches, el cemento o la ropa.

La paradoja del "Subsidio que nos cuesta"

Imagínalo así: el Gobierno tiene una "cartera" limitada.

1. Si el petróleo sube, el Gobierno recibe más dinero por exportar crudo (vía PEMEX).

2. Pero, acto seguido, tiene que sacar ese mismo dinero (y a veces más) para pagar el subsidio a la gasolina y que tú no la pagues a 30 pesos el litro.

3. El problema: Ese dinero que se usa para "tapar" el precio de la gasolina es dinero que se deja de invertir en hospitales, escuelas o mantenimiento de carreteras.

La inflación energética nos pega de dos formas: directamente en el bolsillo (vía precios de comida y bienes) e indirectamente al debilitar la capacidad del Estado para invertir en el país.

El gran dilema de 2026 no es solo cómo sobrevivir a la volatilidad del Estrecho de Ormuz, sino cómo México puede romper su dependencia de los ciclos globales de energía. 

El uso de excedentes petroleros para subsidiar el consumo de combustibles fósiles es una medicina necesaria para la paz social, pero es también un sedante que oculta la urgencia de una transición energética real. 

Mientras otros países aceleran su electrificación para blindarse contra los vaivenes del crudo, nosotros seguimos atrapados y sin respuesta.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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