Uno de los problemas del mundo actual es la cantidad desorbitada de información y la poca capacidad que asiste a cada consumidor para procesarla.
La superabundancia de información ha creado las condiciones para la propagación de noticias falsas, como primera consecuencia, pero también para que en el ruido emerjan voces disonantes, mentirosas, violentas como la de Trump.
El manual de la comunicación política actual incluye el ruido, el demasiado ruido. Mantener atenta y confundida a la comunidad es una de las tácticas más socorridas del momento en el accionar político.
Quien mejor representa la sordidez de esta gramática de la confusión es el presidente norteamericano, quien a diario, en raptos que parecen brotar de la cabeza de un psicópata, escupe una mentira, una amenaza, una crítica, una vulgaridad a cualquier punto.
De aquí a que el mundo no especializado en política internacional descifra qué ha dicho, el gobernante naranja ya soltó una más de sus aberrantes declaraciones, de suerte que jamás hay tregua ni para los periodistas y académicos expertos en el tema.
En estos tres últimos días, Trump se le tiró a la yugular al papa. Unas declaraciones en su viaje a Argelia sirvieron para que el magnate devenido truculento político lo criticara con frases acuñadas a su estilo brutal, ya naturalizado en el mundo.
De León XIV dijo que es “pésimo en materia de política exterior” y que “debería concentrarse en ser un gran Papa, no un político”.
El pontífice sólo dijo lo que se espera de él: seguir el camino del diálogo para alcanzar la paz.
La patada de mula trumpista sirvió para que Giorgia Meloni, la primera ministra italiana considerada una política de derecha hasta por quienes no saben nada, saliera al paso en defensa del papa.
Calificó de “inaceptables” las declaraciones del megalómano rubio, quien ahora apuntó contra su hipotética aliada: “¿Meloni le gusta a la gente? No puedo imaginarlo.
Estoy sorprendido. Yo pensaba que ella tenía coraje y en cambio me equivoqué”.
Trump tiene al planeta en vilo. Para él, la única razón es la que le otorga la razón sin titubeos.
Lo digo por enésima: es el peor ser humano que hoy habita sobre la tierra, y conste que tiene competidores de tremendo nivel en materia de maldad.