Nos dosificamos los antioxidantes como si fueran el elixir de la vida. En el mejor de los casos, probablemente son ineficaces. En el peor de los casos, pueden enviarte a una tumba antes de tiempo.
Para Linus Carl Pauling, Premio Nobel de Quimíca en 1954, todo empezó a ir mal cuando cambió su rutina de desayuno. En 1964, a la edad de 65 años, comenzó a agregar vitamina C a su jugo de naranja por la mañana, era como agregarle azúcar a la Coca Cola, y él creía, de todo corazón, que era algo bueno. En su libro más vendido de 1970, Cómo vivir más tiempo y sentirse mejor, Pauling argumentó que dicha suplementación podría curar el resfriado común.
En 1992, la revista Time publicó sus ideas bajo el título “El verdadero poder de las vitaminas”, promocionandolas como tratamientos para enfermedades cardiovasculares, cataratas y cáncer, y aún más, pueden evitar los estragos normales del envejecimiento. Por supuesto, las ventas de multivitaminas y otros suplementos dietéticos aumentaron, al igual que la fama de Pauling, pero su reputación académica fue a la inversa.
A lo largo de los años, la vitamina C y muchos otros suplementos dietéticos han encontrado poco respaldo en estudios científicos. De hecho, con cada cucharada de suplemento que agregó a su jugo de naranja, Pauling estaba más propenso a dañar en lugar de ayudar a su cuerpo. Sus ideas no solo han demostrado ser erróneas, sino en última instancia, peligrosas.
Pauling basaba sus teorías en el hecho de que la vitamina C es un antioxidante, una clase de moléculas que incluye la vitamina E, el betacaroteno y el ácido fólico. Se piensa que sus beneficios surgen del hecho de que neutralizan moléculas altamente reactivas llamadas radicales libres, los cuales pueden conducir al deterioro celular, a la enfermedad y en definitiva, al envejecimiento.
Los radicales libres son producto de la combustión celular, necesaria para obtener la energía que alimenta todo lo que hacemos, pero es un proceso imperfecto. El oxígeno es el aliento de la vida, pero también tiene el potencial de hacernos viejos.
Poco después de que los radicales libres se relacionaran con el envejecimiento y la enfermedad, se les vio como enemigos que deberían ser eliminados de nuestros cuerpos.
Durante 3 décadas se realizaron muchos estudios de laboratorio administrando suplementos con antioxidantes en la dieta de ratones de laboratorio. Algunos incluso se modificaron genéticamente para que los genes que codifican ciertos antioxidantes fueran más activos. Aunque diferentes en el método, los resultados fueron prácticamente los mismos: un exceso de antioxidantes no reprimió los estragos del envejecimiento ni detuvo el inicio de la enfermedad. Hay algunos estudios que muestran los beneficios de tomar antioxidantes, especialmente cuando la población no tiene acceso a una dieta saludable.
La idea de que los suplementos antioxidantes son una cura milagrosa es vigente
Pauling ignoraba en gran medida el hecho de que sus propias ideas podrían ser fatales. En 1994, antes de la publicación de muchos de los ensayos clínicos a gran escala, murió de cáncer de próstata. La vitamina C ciertamente no era la cura, nunca lo sabremos de seguro. Pero dado que múltiples estudios han relacionado el exceso de antioxidantes con el cáncer, ciertamente no está fuera de discusión.
Ahora sabemos que los radicales libres ayudan al control de la reproducción celular y a mejorar nuestro sistema inmunológico. Una respuesta inmune saludable depende de que los radicales libres estén ahí. Como los genetistas Joao Pedro Magalhaes y George Church escribieron en 2006: “Del mismo modo que el fuego es peligroso y los humanos aprendieron a usarlo, ahora parece que las células desarrollaron mecanismos para controlar y usar los radicales libres”. Afortunadamente, el cuerpo tiene sistemas para mantener su bioquímica interna lo más estable posible. Para los antioxidantes, implica filtrar cualquier exceso del torrente sanguíneo a la orina para su eliminación. “Van al drenaje”, dice Cleva Villanueva del Instituto Politécnico Nacional , Ciudad de México.
La administración de antioxidantes se justifica solo cuando existe una deficiencia real de un antioxidante específico. La mejor opción es obtener antioxidantes de los alimentos porque contiene una mezcla de antioxidantes que funcionan en conjunto. “Las dietas ricas en frutas y verduras en general han demostrado ser buenas porque podrían proporcionar un equilibrio saludable de pro-oxidantes y otros compuestos cuyos roles aún no están entendido completamente.
“Somos muy buenos para equilibrar las cosas, por lo que el efecto de la suplementación es moderado, hagas lo que hagas, por lo que deberíamos estar agradecidos”, dice Lane. Nuestros cuerpos han sido seleccionados para equilibrar el riesgo de oxígeno desde que los primeros microbios comenzaron a respirar este gas tóxico. No podemos cambiar miles de millones de años de evolución con una simple píldora.
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