• Regístrate
Estás leyendo: Martha, defensora de migrantes
Comparte esta noticia
Sábado , 23.02.2019 / 22:15 Hoy

Crónicas urbanas

Martha, defensora de migrantes

Humberto Ríos Navarrete

Publicidad
Publicidad

Empezó a trabajar en poblaciones de bajos recursos. Era parte de una tradición familiar, en cuyo seno floreció la solidaridad con los más necesitados; después casaría con un mexicano que había buscado refugio en Estados Unidos, donde ella, Martha Sánchez Soler, se interesó por los problemas que sufrían connacionales en aquel país.

Eran los años 90 y tras de sí había una estirpe preocupada por la defensa de los derechos humanos en el mundo, de modo que no era un tema nuevo para Sánchez Soler, una mujer que ha entregado parte de su vida en la defensa de personas que salen de sus lugares de origen para buscar sobrevivencia en tierras extrañas.

Se le ha visto acompañar a madres de familia que andan en busca de sus hijos, originarios de diferentes partes de Centroamérica; son padres, hijos, esposos que partieron de sus casas y ya nunca más volvieron y nada saben de ellos, pues quedaron en diferentes veredas que tomaron, luego de cruzar la frontera sur.

En muchos casos fueron secuestrados por criminales que exigieron rescate a sus parientes, o forzados a militar en sus filas; en el caso de las mujeres ha sucedido lo mismo, pero ellas son doblemente sacrificadas por su condición de género. En ocasiones han sido asesinados por negarse a participar en actos ilegales.

Unos salieron a ciegas y otros trazaron una ruta, de la mano de intermediarios, que incluyó treparse al tren, pero no todos lograron llegar a la frontera norte, ni siquiera a mitad de la República mexicana, pues han sido atrapados en puestos de revisión o retenidos por policías municipales o estatales con el apoyo del crimen.

Y allá vienen, sobre todo ellas, madres y hermanas, con fotografías del padre, el hermano o el primo, el nieto o el sobrino, para preguntar si alguien los ha visto en esas rutas de la muerte que cruzan Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Estado de México, donde se les ha visto pernoctar o caminar por las vías del tren o como vendedores ambulantes.

Saben que sus parientes, en su travesía, sortearon retenes, legales o ilegales, primero en la frontera sur y luego en otras zonas del territorio nacional, pero quedaron en el camino; otros, más audaces, lograron llegaron a la franja norteña, pero no pudieron traspasar la línea fronteriza, por lo que no tuvieron más alternativa que deambular, en busca de trabajo, algunos con hijos en brazos.

Y allá van.

Como esta mujer, una entre cientos, quien busca a José Ricardo Flores Orellana, originario de Santa Rosa de Copan, Honduras. Él salió hacia Estados Unidos hace 17 años, pero desde esa fecha su familia no sabe nada de su paradero.

"Si reconoces o sabes alguna información de José Ricardo, escríbenos al correo caravanademadres@gmail.com", se lee en la página de Facebook del Movimiento Migrante Mesoamericano.

Y en ese mar desolado, dice Martha, han aparecido algunos que se quedaron a sobrevivir en calles de ciudades, pueblos o campos de México; prefirieron eso a regresar, pues fueron expulsados por la violencia de sus países.

"Nuestra especialidad es buscar a los vivos, y entonces nos hemos encontrado, desde que empezamos, a 200 personas", dice esta mujer, presidenta del Movimiento Migrante Mesoamericano, a quien le sobra coraje para llevar a cabo su cometido desde hace más de diez años.

Ella y otras mujeres integran la Caravana de Madres Centroamericanas, cuyos hijos desaparecieron en su intento por llegar a Estados Unidos.

***

Y aquí está Martha Sánchez Soler, en su departamento de la colonia Del Valle, donde opera con su teléfono celular y archivos a la mano, siempre con imágenes de su labor en reuniones y travesías; itinerante, inquieta, incansable y amable, de buena memoria y rebelde, de verbo explosivo y solidario.

"La primera etapa de mi vida y de mi activismo", recuerda, "fue el pueblo desprotegido; trabajé mucho en educación en comunidades marginadas, con ejidatarios, en colonias populares; fomenté la autogestión, hasta 1990, que me caso con una persona que vive en Estados Unidos, José Jaques Medina, exiliado del movimiento estudiantil de México, acusado de tratar de secuestrar al rector; él si se dedicaba a los migrantes mexicanos en el exterior, y yo me integro.

—¿Cuándo se desata la migración de centroamericanos hacia Estados Unidos, usando el territorio nacional?

—Hubo un pico fuerte en 2005, volvió a bajar y ahora está otra vez va al alza en una forma brutal, porque la condición de violencia que están viviendo en sus países los obliga a salir; ya no estamos frente a un fenómeno migratorio, sino frente a un problema de desplazamiento forzado; ya no es migración, son refugiados.

—¿Y cuál es la situación legal de ellos?

—Nadie quiere reconocer eso, empezando por sus países de origen, que los expulsan, porque es reconocer sus fracasos, su mal gobierno.

—¿Cuántos migrantes de Centroamérica cruzan el territorio mexicano?

—En los últimos dos años ya estamos llegando otra vez al pico de 400 mil; de acuerdo con las estimaciones, el ochenta y pico por ciento no logran cruzar, son los que deportan y los vuelven a regresar, son a los que secuestran y no los volvemos a ver, son los que terminan en fosas clandestinas y no sabemos quiénes son, son los que están en trata, bien sea laboral o sexual; son los invisibles.

—¿Es lo primero que encuentran?

—Bueno, se están enfrentando no solo a los problemas de siempre, pues como ya no los dejan subir a La Bestia, entonces ahora andan por caminos de extravío, por veredas; ahora ya están lidiando no solo con lo que ya conocíamos sino que las banditas locales de criminales espontáneos están volviendo a aparecer.

***

Las entidades donde los migrantes han sufrido más acoso del crimen, incluso de manera masiva, son Chiapas, Tabasco, Veracruz —"donde se inventaron los secuestros masivos de migrantes", comenta Martha Sánchez—, Oaxaca y algunas zonas del Estado de México muy próximas al Distrito Federal.

—¿Ahí de cuáles municipios estamos hablando?

—Sobre todo de Cuautitlán, Ecatepec y Huehuetoca.

—¿Por donde pasa el tren?

—Pues es que no solo pasa el tren, sino que ahí confluye, o sea, viene la línea de Tabasco, la de Chiapas, también ahí se separan para ir unas por el oeste y otras por el este, entonces nadie se escapa; Lechería era una estación estratégica.

—¿Y han encontrado gente?

—Nuestra especialidad es buscar a los vivos. La caravana es un ejercicio mágico porque vienen 50 madres en un camión de cuatro países y se unen a los de México, se unen a las mexicanas y todas con el mismo propósito: conocer la verdad, encontrar a los hijos, poder cerrar el capítulo si están muertos, porque la angustia de no saber es peor que la certeza de que ya falleció.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.