Cultura

El éxito de las banderas de tochito

La historia de esta pareja de emprendedores, formada por Josselín Salas y Quiché Ortiz, nació por su afición al tochito bandera, un deporte cuyos simpatizantes crecen de manera acelerada, pues su práctica se extiende en la Ciudad de México, entre amigos y familias, que usan las canchas públicas.

Los dos, Josselín y Quiché, tenían trabajos bien remunerados, con horarios establecidos y prestaciones. Ella, economista, laboraba en una empresa; él, profesional de la comunicación, en una dependencia del gobierno federal. Jugaban tochito en el Deportivo Reynosa, delegación Azcapotzalco.

En su liga, una de las 30 que hay en la ciudad, con más de 50 equipos cada una, compraban sus banderas, pero no gustaban. De pronto, un día, Quiché, quien dirigía y llevaba la logística del equipo, tuvo la idea de hacerles un regalo: diseñó banderas, las mandó imprimir, las cortó y llegó con la sorpresa.

No solo eran banderas personalizadas, sino que incluían playeras con logo del equipo, incluso nombres de cada jugador y números, por lo que no dejaban de ser observadas, mas aún cuando terminaron de jugar, pues los integrantes de otros equipos se acercaban a preguntar y halagar.

—Qué padres están tus banderas —decían.

—Están súper chidas, queremos unas. —¿Dónde las mandaron a hacer? —preguntaban otros.

Y Quiché respondía:

—Yo las hice.

—Qué chidas te quedaron.

Y él ofrecía:

—Yo te hago unas, si gustas.

—¿De verdad?

—Sí, y te las regalo, dime cómo las quieres.

Entonces Quiché empezó a diseñar banderas al gusto de sus amigos, tanto de su liga como de otras. “Yo las quiero con el logo de Green Bay”, pedían, y también solicitaban con logos de sus equipos, nombres y números.

Los diseños gustaban tanto que empezaron a pedirle más y más, y Quiché comenzó a escuchar varias veces la palabra “véndemelas”, pero él contestaba: “no, cómo te la voy a vender, te las regalo”. Las peticiones eran continuas.

La madre de Quiché, un amigo de éste y la propia Josselín, casi al unísono, le sugirieron: “por qué mejor no las vendes, por qué mejor no haces negocio”.

Pero era difícil que Quiché asimilara tal idea, y volvía a responder: “No, pero cómo las voy a vender, me voy a ver mal, me voy a ver como un bisnero”. Y le respondían: “pues haz negocio, que no sea un bisne”.

Un día de descanso, sin tener nada qué hacer, comenzó a tomarle fotos a las banderas de sus amigos y las colocó en internet.

Y ahí empezó todo.

***

En su casa, donde tienen el taller, Josselín Salas y Quiché Ortiz explican cómo nació el negocio —en el que llevan diez meses— después de salir de sus empleos por los que cruzaban la ciudad y desperdiciaban tiempo.

Quiché estaba reacio, pues no podía imaginarse como vendedor; Josselin, en cambio, experta en cuestiones administrativas, comenzó a promocionar el producto por redes sociales, pues sabía que era más efectivo.

“Se venden banderas para tocho personalizadas, con tu nombre, de tu equipo, como tú quieras”, decían los anuncios. Y supieron que había muchos grupos de tocheros. La gente empezó a pedirles de diferentes formas.

—Y vino el éxito.

—Sí, y el éxito —comenta Josselín— es que no decimos no a nada: “que quiero una bandera con mi foto”, “pues mándame tu foto y la adaptamos y la diseñamos”, “quiero unas banderas color rosas, amarillas, que tengan esto, que tengan estrellas, que tengan un superhéroe, que tengan…”. Y a todo decimos que sí.

—Cumplen el deseo de los clientes.

—Sí, y cada vez que hacemos una bandera, la imprimimos, la cortamos y ya que está lista, antes de entregarla al cliente, la subimos para demostrar la calidad.

—¿Es un deporte popular?

—Desde hace cinco años empezó a haber ligas por todos lados. Era un deporte para hombres y ahora se abre para mujeres; luego se hizo mixto; luego para niños y pues se puso de moda. Es como jugar futbol americano, pero sin contacto, sin lastimarte. Es muy divertido, porque además es de mucha habilidad.

—¿Y la inversión?

—Pues tuvimos que capitalizar de nuestros trabajos, hacer un guardadito, un apartado; sabíamos que era un esfuerzo que teníamos que hacer, además del apoyo de la familia.

—¿Son más felices que cubrir un horario?

—Que ir a tomar el Metro en horas pico, estar en el tráfico, tener horarios, trabajar bajo presión; me iba triste y estresado, regresaba estresada y cansada, no quería saber nada de nadie y solo quiería llegar a dormir…

***

—Quiché, tú estudias comunicación, tienes un trabajo estable y decides dejar ese trabajo para convertirte en un pequeño empresario, un emprendedor o qué.

—Pues un emprendedor, más que nada. Yo tenía mi trabajo, pues estudié comunicación. Ya estaba un poco cansado mentalmente de estar dentro de un horario… Al principio era todo en papel: entregas y todo eso, nada formal, y ahorita ya creamos una microempresa, todo ya usa un registro de todas las ventas.

—¿Y cómo está el proceso de producción?

—Primero lo subimos a Facebook y nos hacen el pedido, ya sea vía correo, vía mensajes de texto y nosotros les mandamos una propuesta de su diseño; al momento de que ellos nos lo aprueban, nosotros hacemos la producción y es cuando se les hace la entrega. Es al gusto del cliente, totalmente.

—Y de cuánto es el tiraje.

—Ahorita que empezamos tenemos un tiraje de 200 banderas a la semana. Las banderas tienen unos chupones que por lo general son de hule o pvc, hembra y macho: uno va conectado a la bandera y otro al cinturón que porta el jugador. Compramos lona, mandamos a la impresión y hacemos el corte a mano. Todo es a mano.

—Ha subido poco a poco.

—Sí, porque cuando empezamos eran 10 juegos. El concepto de este proyecto, más que ‘los chicos que hacen bandera’, decidimos ponerle un nombre a la empresa: Fumble. Lo que hacemos es ir a los campos y decimos: “oye, te queremos patrocinar, regalamos banderas a tu mejor jugador y tú ponme banners de publicidad en tus campos”. Y así es como nos hemos ido dando a conocer. Tenemos ganas de extendernos poco a poco. Cancún es una de las ciudades de donde más nos piden; también de Torreón, Guanajuato...

—Y van a crecer.

—Sí, pues hay un mercado muy amplio; este año vienen a México dos equipos profesionales y la venta de boletos duró cinco minutos. En México hay más de 7 mil personas jugando este deporte; cada día entra alguien nuevo, cada día se crea un nuevo equipo. Hay niños jugando desde los cinco años hasta gente mayor.

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Humberto Ríos Navarrete
  • Humberto Ríos Navarrete
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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