Utopía, palabra derivada del griego que significa “No hay tal lugar” y utilizada por el abogado y escritor inglés Tomás Moro para darle título a su libro “Utopía”, publicado en 1516. Después de que apareciera el libro, la palabra ha trascendido en el tiempo, dándonos expresiones como: utópico, utopismo, distópico, ecotopía, eutopía, y hemos ampliado la definición en dos sentidos, uno: proyecto, plan, doctrina, sistema político, de difícil realización, y dos: un mundo imaginario donde la sociedad ha alcanzado un estado superior de bienestar.
Pero… ¿Por qué ocurrió esto? Porque Tomás Moro nos proporciona el gigantesco anhelo de que los humanos ya dejemos de actuar vilmente contra otros humanos, y más si deseamos alcanzar el poder político o económico.
Podemos enmarcar la obra en el género de ficción porque es una república o un mundo inexistente, pero si la etiquetamos como ficción (donde la definición dice: procede del latín fictus, fingido, inventado, fantasía, sueño, o lo peor, falsedad), entonces estaríamos perdiendo el anhelo de que algún día, en algún lugar, esta idea extraordinariamente imaginada podría hacerse realidad. Así que ficción solo lo dejaremos para fines literarios.
Para adentrarnos en el libro tenemos que regresar varios años a la fecha de su edición, entre ellos, al del descubrimiento del nuevo mundo por Cristóbal Colón en 1492 y a las historias fantásticas que llevaron los visitantes de este mundo a Europa, sumémosle que Américo Vespucio había narrado sus navegaciones por estas tierras a las que se les empezaba a llamar América.
Con esta referencia Tomás Moro escribe su libro ubicando la historia en una isla desconocida que se halla entre América y Europa, y en ella despliega su visión del verdadero arte para gobernar.
La obra inicia con la presentación de Rafael Hitlodeo a Moro a través de un amigo. Rafael, portugués y navegante, había seguido a Vespucio en sus exploraciones, docto y férreo crítico del sistema monárquico, comenta que él no sirve a ningún príncipe porque: “Los nobles son ociosos, gozan del trabajo de los demás y se hallan rodeados de una turba de perezosos que nunca tuvieron oficio alguno para vivir” fuertes palabras del autor en boca de su personaje. Moro estaba al servicio de Enrique VIII, rey de Inglaterra.
Hitlodeo es quien relata de Utopía: “Utopo, el conquistador de quien se deriva el nombre del país, fue quien hizo de estos pueblos rudos y agrestes una nación que hoy supera a todas en cultura y civilización” y sí, en efecto, Utopía tiene una de las mejores sociedades del mundo, y está integrada por ciudadanos que sólo viven para el bien común, ninguno tiene más que otro, de ahí que nadie puede desear algo que tengan los demás.
Asimismo, han logrado controlar el mar para su beneficio y las tierras que son trabajadas por todos sin distinciones les otorgan cosechas abundantes, cuentan con una especie de incubación artificial que, al nacer los polluelos, se narra: “Siguen a los hombres y los conocen como si fueran sus madres.” Hoy la ciencia a esto lo llama Impronta.
Está gobernada por una asamblea de doscientos miembros que preside un príncipe, todos escogidos por sus méritos y mediante voto secreto. Las leyes son las necesarias porque muchas leyes corrompen a las personas. Los oficios, que son diversos, solo se trabajan seis horas, consideran que la salud es un don que todos los humanos deben poseer. Tienen libertad de culto, cada familia cree en lo que quiera. Hitlodeo narra que uno de sus colegas que quiso adoctrinarlos en la fe de Cristo arengando a viva voz, lo encerraron. Las joyas y el oro no tienen valor, los niños los usan en juegos. Esto es Utopía.
La enseñanza que nos deja Tomás Moro para acabar con la pobreza de un pueblo, no es regalar dinero, esta es una de las peores soluciones que alguien puedo haber imaginado, lo que nos propone es hacer un trabajo organizado, un trabajo en conjunto, donde todos, sin diferencias, participen para alcanzar el bienestar social.