El filósofo y matemático francés René Descartes publica en el año 1637 uno de sus libros más famosos: el “Discurso del Método” conocido así de modo general, sin embargo el texto tiene un título bastante largo que no debemos omitir porque en él está reflejado su obra, el nombre completo es “Discurso del Método para conducir bien su razón y buscar la verdad en las ciencias” Apuntaríamos que cuando dice “su razón” se refiere a que debemos conducir bien nuestra propia razón para llegar a la verdad. Este concepto es el que origina la corriente del racionalismo que según el autor guía a la obtención de un saber científico. Diremos también que Descartes no quería que su obra llevase el nombre de Tratado para que no lo juzgasen como alguien que deseaba adoctrinar. Tal vez no queriendo para sí lo que ocurrió con Galileo Galilei por su teoría heliocéntrica. Expresa que abordará su Método con un Discurso en el que sólo estaría dando algunas ideas y donde cada quien podría crear su propio juicio. No obstante lo escribe en francés rompiendo con la tradición del latín. Esperaba que pudiera ser leído por todas las clases sociales.
Antes de adentrarnos en su libro primero veamos qué es un discurso. El discurso, del latín discursus, es un término literario que casi siempre se cree que sólo es hablado. ¡No! ¡No es así! Un discurso también es un escrito cuyo rasgo vital es la argumentación referencial para convencer o persuadir a un receptor.
Con los griegos el discurso o mejor dicho, la retórica, “el poder de la palabra” guiada por la elocuencia, por el arte del bien decir y de la persuasión, ayudó a los despojados de sus tierras por los tiranos, a recuperarlas en litigios, cuando se creó la democracia. Siendo entonces la argumentación judicial ante las cortes la que dio forma a la retórica.
El libro de René Descartes estaría por consiguiente dentro de un discurso argumentativo.
Ya hablado del discurso, entremos en tema, has escuchado la frase ¿Duda de todo hasta que llegues a la verdad? Esta es la Duda Metódica, es la primera etapa del proceso mental que conduce a la búsqueda del saber irrefutable mediante un método, no permitiendo que los sentidos, los sueños, ni los genios malignos invadan la razón.
El padre de la filosofía moderna e inventor de la geometría analítica narra que estando en Alemania solo, en invierno y refugiado de guerras, analizó que quien construye sobre lo ya trabajado, los cimientos jamás serán firmes, nos dice que lo mismo sucede con los grandes maestros que de tantas deducciones, la verdad se ha diluido, por eso plantea un proceso analítico, una manera organizada para pensar y nos da su máxima, “Pienso, luego soy” (Cogito, ergo sum). Su reflexión la encierra en cuatro preceptos:
El primero, no admitir como verdad cosa alguna, como no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, que no hubiese ninguna ocasión de ponerlo en duda.
Segundo, dividir cada una de las dificultades, que examinare, en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución.
Tercero, conducir ordenadamente mis ideas, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta la noción de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente.
Y el último, hacer en todo unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada.
Lo confirma entre otros ejemplos al describir el movimiento del corazón y las arterias.
Así que cuando hablamos del método científico podemos señalar que hay varios eruditos que han dado versiones de un método o en un sentido más amplio podemos coincidir que cada quien cuando investiga crea su propio método. Pero el Método Científico creado por René Descartes para llegar a una verdad es quien abrió las puertas para el desarrollo de la ciencia de su época y la del futuro.