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Jueves , 18.04.2019 / 10:32 Hoy

Entre pares

El inmenso latrocinio europeo

Guillermo Colín

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En estos días de exigencias aztecas (meramente espirituales) a la corona española, respondidas todas con soberbia de sangre azul, brilla que la historia la escriben los vencedores. Todavía hoy, aún como ejercicio de imaginación, muchos mexicanos amnésicos se pitorrean incluso de reclamar perdones por la sangre indígena cruelmente derramada, aduciendo tiempo transcurrido; y ni recuerdan lo robado por los expoliadores invasores (a los que ningún argumento podrá borrar que eso fueron y así se comportaron, sin importar lo que después hayan sido a raíz del mestizaje).

“Aquí pues, yo (dice Evo Morales en un texto atribuido a él, pero cuya autoría es de un mexicano adscrito a su equipo y que vale transcribir), descendiente de los que poblaron la América hace 40 mil años, he venido a encontrar a los que la encontraron hace solo 500 años. Yo, venido de la noble tierra americana, declaro que el hermano aduanero europeo me pide papel con visa para poder descubrir a los que me descubrieron. Yo declaro que el hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses, aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento.

“Yo los voy descubriendo. También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses. Constan en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América.

“¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos faltaron a su Séptimo Mandamiento. ¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos como Caín, matan y niegan la sangre de su hermano!

“¿Genocidio? Eso sería dar crédito a los calumniadores como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro como destrucción de las Indias. ¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben considerarse como el primero de muchos otros préstamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no solo a exigir la devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios.

“Yo prefiero pensar que tan fabulosa exportación de capitales fue el inicio de un plan ‘Marshalltesuma’ para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, la medicina, el baño cotidiano y otros logros civilizatorios.

“Por eso al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podemos preguntarnos: ¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional? Deploramos decir que no.

“En lo estratégico lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, en armadas invencibles, en Terceros Reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la OTAN como en Panamá, pero sin canal.

“En lo financiero han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el Tercer Mundo.

“Este deplorable cuadro nos obliga a reclamarles el pago del capital y los intereses que tan generosamente hemos demorado todos estos siglos en cobrar. Aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarles a nuestros hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta del 30 por ciento de interés, que los hermanos europeos les cobran a los pueblos del Tercer Mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo del 10 por ciento, acumulado solo durante los últimos 300 años, con 200 años de gracia.

“Sobre esta base y aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los descubridores que nos deben como primer pago de su deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata, amabas cifras elevadas a la potencia de 300.

“Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.

“Tales cuestiones metafísicas desde luego no nos inquietan a los indoamericanos. Pero sí exigimos la firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente y que los obligue a cumplir su compromiso de pagar su deuda mediante una pronta privatización o reconversión de Europa que les permita entregárnosla entera, como primer paso de la deuda histórica.

“Tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: despertar.

“¡185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata! ¡Ese fue el préstamo de América a Europa! No debemos nada al FMI, nos salen debiendo”.

gcolin@mail.com

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