Mientras tanto en Inglaterra, un miembro de la Sociedad Real de Londres para el Avance de la Ciencia Natural levantó el rostro hacia el cielo para ver el mismo cometa de 1680. Sus conclusiones cambiarían el curso de la historia.
Su nombre era Issac Newton (1643-1727).
El gran cometa había sido descubierto por el astrónomo alemán Gottfried Kirch, usando un telescopio, el 14 de noviembre de 1680, muy cerca de la estrella Regulus en la constelación de Leo.
De allí el cometa viajó al este, volviéndose más brillante y alcanzando el punto más cercano a la Tierra el 30 de noviembre.
El cometa se podía percibir en el cielo a simple vista.
Así permaneció hasta desaparecer en el cielo de una madrugada una semana más tarde.
El 18 de diciembre, el cometa regresó. Varios observadores, a lo largo del planeta, pudieron verlo a plena luz del día.
A los pocos días, el cometa reapareció en el cielo nocturno.
Durante la última semana de diciembre, el cometa proyectaba una cola de 70 grados de longitud, 50 grados más larga que en la aparición de noviembre.
Alcanzó la distancia más próxima a la Tierra el 4 de enero de 1681, por lo que el cometa resaltó por su brillantez.
Desde ese instante empezó a volverse más tenue, aunque permaneció visible a los ojos por todo el mes de febrero.
Las últimas observaciones del cometa fueron hechas por medio de un telescopio en el mes de marzo del 81.
Fueron las observaciones de Newton.
Al principio Newton, quien estaba trabajando en su teoría de la gravedad, pensó inicialmente que el mundo había visto dos cometas distintos.
No fue hasta que, influido por John Flamsteed y su amigo Edmund Halley, entendió que el cometa había pasado por la Tierra y se había ocultado detrás del Sol para volver a una cercanía con la Tierra otra vez y posteriormente desaparecer en el sistema solar.
El cometa seguía, además, una órbita elíptica (y no circular).
Newton llegó a comprobar la ley de los planetas de Kepler (a la cual Kepler había llegado intuitivamente), sustituyendo la palabra cometa por planeta.
Ambos cuerpos celestes se mueven en forma elíptica y uno de sus focos es el Sol.
Años más tarde, Newton incluiría sus observaciones del cometa de 1680-81 en Philosophiae Naturalis Principia Mathematica (1687), conocida simplemente como Principia.
En esta obra, Newton utiliza las matemáticas para explicar el movimiento de los objetos terrestres y aplica su ley de la gravitación a los objetos celestes.
Es una obra ciertamente en diálogo con el trabajo de otros científicos de la época.
Al otro lado del mundo, los coetáneos novo-hispanos de Newton también estaban creando un conocimiento científico sobre los cometas.
Ambos sabían del uso de las matemáticas para explicar el mundo de lo real.
Sigüenza y Góngora no estaban muy lejos de la naturaleza de las observaciones de Newton.
No obstante, también se encontraba muy lejos.