Cultura

El agente topo: sobre la profundidad del tiempo

  • 30-30
  • El agente topo: sobre la profundidad del tiempo
  • Fernando Fabio Sánchez

Me intriga la manera en que la gente de edad avanzada experimenta su relación con el tiempo. 

De una aparente inmortalidad, he pasado con los años a entender mi finitud.

Me intriga el futuro porque creo que poseo el entendimiento de lo que pasa allá y de ese otro lado. 

Parece que ese entendimiento irá desapareciendo, para volverse experiencia.

Vi el filme híbrido (documental con elementos de lo ficticio, o viceversa) El agente topo (Chile, 2020) dirigido por Maite Alberdi, y me acerqué otra vez a la reflexión sobre la memoria, la conciencia y el tiempo en la tercera edad.

El filme es también una comedia. Una agencia privada de investigaciones lleva a cabo una audición para encontrar al que será un agente encubierto en un asilo de ancianos.

El agente deberá hacerse pasar por uno de los pacientes, identificar a una mujer que allí vive y hacer reportes diarios sobre el estado del asilo y la manera en que el asilo trata a la mujer.

Tal misión la ha ordenado la hija de la mujer que vive en el asilo.

Sergio, el agente, es un hombre que ha enviudado hace poco. 

Tienen 83 años. Ingresa al asilo y, además de informar a su jefe sobre lo que ve en el interior, se involucra con los demás pacientes, quienes al final se vuelven parte de su mundo afectivo.

Estas interacciones entre Sergio y los otros internos son presuntamente reales. 

Sergio entra en la casa de ancianos es el elemento externo; es un topo, el agente que nos lleva hacia ese otro mundo. Él ve para nosotros. Pero, en la ficción del documental, espía para la hija de la mujer.

La siguiente es una escena de El agente topo:

—A mí me gustan los versos suyos —le dice Sergio a Petronila—. ¿Sabe por qué? Porque riman bien.

A Petronila le agrada mucho lo que escucha.

—Hay versos que a mí en realidad no me gustan porque no riman —añade Sergio—. A mí me gusta todo lo que rime. Si no rima, no me gusta —concluye.

Y Petronila confirma: —No, no vale la pena.

Luego a ella se le ocurre decir una poesía, para hacer uso de su memoria impecable:

—Esta es más para la juventud…sobre la madre:

Si tienes una madre todavía,

da gracias al Señor que te ama tanto,

que no todo mortal contar podría,

dicha tan grande ni placer tan santo.

Mas si al cielo se fue…

Es tan santa la tumba de una madre,

que no hay al corazón lugar más santo,

cuando espina cruel tu alma taladre,

ve a derramar, allí, ¡tu triste llanto!

Petronila comenta después de que tuvo cuatro hijos y que los cuatro están casados. 

Tienen su propia familia y sus propias obligaciones. No tienen tiempo de visitar a la madre. Se siente sola. Siente que la vida también guarda algo de crueldad.

Al escuchar los versos y las palabras de Petronila, escucho aspiración y melancolía: el anhelo de cumplir con su más esforzada naturaleza:

 madre que desea sentirse madre y encontrarse en los ojos de su creación; ese deseo ardiente está más allá de cualquier estética.

Vea El agente topo. Ya me contará que le parece. Es un acercamiento a la profundidad del tiempo.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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