Cultura

Discos 1971 (cuarta y última)

Cerramos este apretado recorrido por algunas de las sonoridades que cumplieron cincuenta años y que aún hoy se escuchan como recién desempacadas.

Los atrevimientos del jazz

Junto con varios ilustres invitados, la compositora Carla Bley y el poeta Paul Haines nos obsequiaron la monumental óperajazz Escalator Over the Hill – A Chronotransduction, recorrido en clave free con desatada orquesta que cede momentos a lances vocalizados pasados por electrónica tenebrosa, sonidos de la India, lances roqueros y estética de cabaret, acompañando una derivativa historia que tiene lugar en un extraño hotel, finalizada por un interminable dron: más de dos horas de recorrido por pasillos de inesperada apuesta auditiva.

Alice Coltrane, ya consolidada con estilo propio, participó con un par de álbumes de alcance espiritual, partiendo de un jazz modal con fugas hacia la ruptura armónica y con influencias de la música de la India: Universal Consciousness, buscando un estado holístico a través de los acordes e instrumentaciones por momentos llenas de frenesí alrededor del reconocible sonido del arpa, y Journey in Satchidananda, travesía en busca de la paz por sonidos de diversas culturas, tanto orientales como occidentales, salpicadas por una sicodelia jazzera a la que contribuyó el saxofonista Pharoah Sanders, quien además entregó el naturalista Thembi, de pronto detonando los colores del ambiente durante un viaje astral con diversos instrumentos de aliento.

El ex Jazz Messenger Freddie Hubbard siguió enfocando su notable trayectoria con Straight Life, dirigido a la fusión soulposthard bop; tres piezas en las que se conversa y monologuea a placer con puro estelar apuntalando la versátil trompeta del titular. The Inner Mounting Flame fue el debut de la multinacional The Mahavishnu Orchestra, comandada por la guitarra de John McLaughlin: fusión progresiva y sicodelia encendida con pasajes místicos para despertar al espíritu transformador y emprender la carrera al amanecer.

Herbie Hancock trabajó con su sexteto para estampar en un solo día el electrificante Mwandishi, integrado por tres cortes saturados de funk africanizado, experimentaciones enchufadas y un aliento de liberación como para empezar una nueva etapa sonora, mientras que Beyond the Blue Horizon fue la contribución de George Benson, soltando su guitarra con acentos souleros, bien acompañada por ecléctica, percusiva y demandante base rítmica encabezada por el tándem DeJohnette / Carter y por un lúdico órgano cortesía de Palmer: para ver con pleno disfrute hardbopero más allá de la contenida explosión.

Gran año para el excelso pianista Keith Jarrett: grabó The Mourning a Star en formato de contundente trío, Birth acompañado de variado talento en cuarteto o quinteto, y el brillante Facing You, ejecutado en solitario con profundidad de miras, además de hacer mancuerna con el vibrafonista Gary Burton para realizar el homónimo Gary Burton & Keith Jarrett, iniciando una asociación mágicamente productiva.

Reconocimiento a colegas: en un arrebato de inspiración que tomó 48 horas, Earl Hines grabó elusivos y sendos homenajes a Candy, Carmichael y Armstrong, empaquetados bajo el nombre de Four Jazz Giants, obra de orgánica soltura y fina reinvención, todo un pianojazz en estado puro, seminal. Miles Davis, en tanto, se puso en plan honorífico con su A Tribute to Jack Johnson, además de grabar el doble Live-Evil, parte en estudio con la presencia de Hermeto Pascoal, y algunas sesiones en vivo.

Alrededor del mundo

La música brasileña en plena efervescencia política y rítmica. Dos ejemplos: Construção del gran músico carioca Chico Buarque es uno de sus discos esenciales con todo y la canción titular: Bossa Nova de fino aliento crítico ante la dictadura, bien envuelta en rítmica africana, cierta experimentación folkie y samba liberadora en consonancia con la tropicalia, territorio también revisitado por Caetano Veloso en A Little More Blue, salpicado con sicodelia anglo en pleno proceso de exilio forzado, no exento de cierta melancolía por el terruño y algunos apuntes de estética revolucionaria.

Harlem River Drive, efímero supergrupo de los hermanos Palmieri y varios notables del funk/jazz/soul y de los ritmos latinos, grabó el ídem Harlem River Drive con elaborados arreglos, potentes vocales y rítmica versátil, en este feliz encuentro de géneros; cinco cortes en poco más de media hora, bastaron: pura influencia. Melting Point fue el último gran disco de los grandes sesionadores y autores con trayectoria propia, arropados bajo el nombre de Booker T. & The M. G.’s: prácticamente instrumental, salvo un coro esporádico, se van deslizando con fluidez los ocho cortes, guiados por el órgano rumbo a encuentros de rítmicas explosiones pronto capturadas en superficies souleras, al fin fusionándose en la placidez del movimiento temperado, cual viaje de regreso a casa en alguna dominguera mañana.

Bob Marley & The Wailers propusieron su convocatoria con Soul Revolutions, bajo la tutela maestra en la producción del patriarca Lee “Scratch” Perry, antecediendo el pronto reconocimiento global del representante más visible de reggae. Fela-Ransome-Kuti and the Africa ’70 With Ginger Baker fueron capturados en pleno concierto vía Live!, integrado por cuatro expansivos cortes de rítmica africana con influjos funkies: un renovador desde su propia tierra, un baterista de ecléctica trayectoria y una banda de soporte que respira raíces del continente del que venimos todos. El irreverente Swamp Dogg, montado sobre una rata blanca, produjo el irónico Rat On!, para entregarnos su soul y R&B de crítico enfoque sin perder el sentido del humor.

A partir de la chanson aderezada con tensas guitarras y lances de cuerdas, Serge Gainsbourg nos contó en menos de media hora la Histoire de Melody Nelson con el apoyo de Jane Birkin en voz y portada: un hombre de mediana edad seduce a una joven que muere poco después, con toda la polémica que hoy causaría un disco así. Joan Manuel Serrat compuso Mediterráneo, entre oleajes de poesía vencida de León Felipe y apuntes de alcance orquestal, recordando al tío, al pueblo y a la mujer querida, esa que se va lejos de casa para vagabundear sobre una embarcación de papel; su compatriota Víctor Manuel presentó Dame la mano, compuesto por viñetas cercanas e instrumentaciones emotivas, sosteniendo las sentidas vocalizaciones del asturiano.

El grupo argentino Vox Dei entregó el conceptual La Biblia, su obra cumbre, ya cantada en español y una de las primeras grabaciones en esta tesitura de abordar una temática común, entre apuntes progresivos, bluseros y rockeros de diversa especie: toda una innovación por estos lares del mundo. De las mismas tierras y ya con alcance internacional, el saxofonista tenor Gato Barbieri se destapó con un triplete: El pampero, Fenixy Under Fire, consolidando los aprendizajes de grandes renovadores enclavados en el free jazz, con quienes tocó años atrás, y sumando, de paso, los sonidos propios de la cuna con ardorosa intensidad.

Popol Vuh produjo el misterioso Den Gärten Pharaos de alcance fílmico, cual caja llena de secretos distribuidos en un amplio espacio abierto, mientras que Faust entregó su adelantadísimo álbum homónimo Faust, de aliento avant-garde y cargado de vericuetos sonoros que siguen sonando innovadores, entre proclamas, noise imprevisto, electrónica primigenia, edición industrial y algún piano y guitarra extraviados que buscan sobrevivir. Un festín teutón que puede acompañarse con la propuesta holandesa de Focus, entregando su Moving Waves, sumergiéndonos en oleadas de palabras mágicas, solos de acordeón y órgano, guitarras jazzeadas, estructuras progresivas y vocales con distinto rango de alteración.

Fernando Cuevas

cinematices.wordpress.com

@cuevasdelagarza

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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