Política

La elección de Coahuila y sus lecciones

Milenio M logo
Únete al canal de Milenio  

Morena lleva meses dando muestras de debilidad. La lista de acontecimientos que han golpeado al partido que gobierna el país son innumerables. Desde la polémica de Adán Augusto y La Barredora, pasando por los lujos de los principales dirigentes de Morena, la intervención del expresidente López Obrador y su familia, hasta las acusaciones de narcopolítica contra el gobernador Rubén Rocha o el inconcluso homicidio del alcalde de Uruapan. Morena ha ido perdiendo intención de voto y la aprobación presidencial se ha caído entre 15 y 20 puntos (según los estudios con metodología robusta). Morena pasó de tener garantizada una nueva mayoría calificada a estar batallando por conseguir una mayoría simple en la siguiente Legislatura.

Coahuila es un síntoma de esa debacle morenista. Veracruz, el año pasado, también lo fue. En el caso de Coahuila, Morena tuvo un descenso si comparamos con la última elección legislativa. Perdió seis puntos. Y se acercó a sus niveles del inicio del crecimiento de Morena (2019-2020). Poco tuvo que ver con los resultados electorales que el partido guinda obtuvo en la elección presidencial y en los diputados federales en 2024. Los propagandistas del régimen quisieron restablecerle peso a la derrota, pero la narrativa indiscutible es que existe otro estado (Coahuila) en donde Morena está lejos de competir. A esta primera reflexión, el descenso sostenido de Morena… agregaría cinco reflexiones que valdría la pena tomar en cuenta.

Más allá de las estructuras políticas, los gobiernos SÍ importan. Coahuila tuvo gobernantes terribles como Humberto Moreira que endeudó al Estado en 32 mil millones en menos de tres años. No obstante, a partir de ahí, los gobernadores coahuilenses han sido bien evaluados. Moreira (Rubén), Riquelme y Jiménez tuvieron y tienen índices de aprobación superiores al 60%. No es cierto que todo sea nacional. La dimensión local tiene su peso y la ciudadanía comienza a castigar a gobernantes incompetentes, aunque sean de Morena (Rocha, Durazo, Brugada).

En los estados con clases medias consolidadas, la movilización es relevante, pero no es definitiva. Es mentira que el PRI haya ganado Coahuila por la base movilizadora de los Moreira. Seguro ese hecho ayudado. No obstante, la participación (52% en elección puramente legislativa) debilita el argumento de la mera movilización. Con una participación del 30-35%, la movilización y el clientelismo se vuelven fundamentales. Por encima del 50%, no lo es. La victoria del PRI se fraguó en Saltillo, Piedras Negras y Torreón, en donde el voto urbano fue definitivo. Los coahuilenses decidieron dotar de tres años más de gobernabilidad a Jiménez. Es un mensaje local, aunque con lecturas nacionales.

Otro punto importante tiene que ver con las coaliciones. Siempre me ha llamado la atención el discurso tan hipócrita sobre las alianzas. El régimen descalifica los posibles acuerdos entre el PRI y el PAN, entre ellos o incluso con MC. No obstante, parecen soslayar que Morena cuenta con tan amplias mayorías por sus coaliciones con el PT y especialmente con el Verde. Las coaliciones no están basadas en valores esenciales o en principios escritos en tablas sagradas. Las coaliciones son mecanismos electorales para ser más competitivos en las urnas.

Por ello, una cosa es que el PRI y el PAN, o el PAN y MC, no se coaliguen automáticamente, pero me parece una tontería que descarta esa posibilidad. El PAN tras la elección de 2024 hizo un análisis simplón: el PRI nos quita más que lo que nos da. Cuando en realidad, el voto negativo no sólo tenía que ver con el PRI, sino también con un PAN que había sido incapaz de rehacerse y reembolsarse como partido. Las coaliciones pueden no ser reglas automáticas, pero por qué negarlas en estados en específico: Nuevo León, Ciudad de México, Puebla, Sinaloa, Michoacán, Durango, Coahuila, Sonora, Veracruz, Jalisco, Tamaulipas. De Puebla hacia el Norte, las coaliciones entre PAN, PRI e incluso MC en algunos estados pueden ser rentables.

La seguridad es un elemento clave de los resultados electorales. En conjunto con el bolsillo, el votante suele premiar con sus votos cuando vive en entornos seguros. Los datos objetivos y de percepción no admiten duda: Coahuila tiene una tasa de homicidios de 3.5 por cada 100 mil habitantes, 10 veces menor que Sinaloa, siete veces menor que Jalisco y 20 veces menor que Chihuahua. El tercer estado más seguro del país según la ENVIPE (Encuesta de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública Estatal). Saltillo, Torreón y Mérida son las ciudades más seguras del país.

Es decir, es un mito que Morena sea invencible. También lo es que la ciudadanía no vea los resultados de los gobiernos y sólo le dé importancia a las “ayudas” que deposita el Gobierno. Buenos gobiernos locales también son antídoto frente al régimen y el autoritarismo. Coahuila es un caso específico, pero con lecciones que bien se pueden aplicar al resto del país.


Google news logo
Síguenos en
Enrique Toussaint
  • Enrique Toussaint
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.