No me sorprendió ver a la Presidenta de la República destinarle la mañanera a un periodista argentino. Me entristece que la opinión de un periodista argentino suscite tamaña reacción de una jefa de estado, pero ya me he acostumbrado al show mañanero. Tampoco me sorprende que Sheinbaum decida hablar horas y horas sobre el Mayo Zambada o sobre un intrascendente Ken Salazar. Inclusive, tampoco me parece sorprendente que la presidenta recurra a las máximas pejistas de meterse con Loret de Mola o volverse catadora que define quién es buen periodista y quién no lo es. Todo esto ocurrió en la semana que concluye. Sheinbaum habló de todo, menos de aquello que le interesa al país. Creo que es la presidenta la máxima beneficiaria de un mundial que ha sido más eufórico de lo esperado. La presidenta le debe mucho al futbol. Sheinbaum ha podido, con tácticas de distracción masiva, esconder que no tiene nada que ofrecerle al país.
Sheinbaum le llamó a su proyecto “la consolidación” o el “segundo piso de la transformación”. Un bonito eslogan, pero poco más que eso. Un proyecto político no es una astucia mercadológica o una continuación de buenos deseos. Tampoco es depositar dinero a los ciudadanos a cambio de que entreguen sus derechos en materia educativa, sanitaria o metropolitana. Un proyecto es la arquitectura de un pasado, un presente y un futuro político. Es una visión de cómo llegamos hasta aquí, qué se debe hacer hoy para mejorar nuestra realidad y cómo queremos estar en un futuro. Estas preguntas se han reducido a un coche eléctrico poco seductor. Un exdirector de Pemex que es un maltratador. Una Toyota que no se va (bueno, sí se va). O que nos aseguren que Rubén Rocha no está escondido en algún cuartel (menos mal). Sheinbaum, “la doctora”, como le decía incluso algún candidato de la oposición, no está en aquello que afecta a los mexicanos y mucho menos tiene algo qué decirnos sobre el futuro del país.
La realidad es que las distintas arenas de la administración nacional son un espejo del desfiguro. La educación está igual o peor que hace ocho años. La CNTE bloqueando avenidas, la SNTE movilizando electoralmente y los niños mexicanos que no pueden competir en el mercado global. La salud presenta los mismos datos de abandono que en los tiempos de López Obrador. La economía es un bocho con las llantas ponchadas. Crecimos -no es burla- 0.3% en 2025 y andaremos abajo del uno en 2026. La Inversión Extranjera es pura reinversión de la ya existente, y la inversión nacional acumula 20 meses a la baja, los peores datos desde 1995 y 2009. Una cuarta parte del presupuesto de México se va en pagar pensiones y un 10% en pagar la deuda y la ineficiencia de Pemex. Somos un país con las finanzas públicas tronadas y nuestro gran gobierno de izquierdas es incapaz de proponer una reforma fiscal.
De esta manera y con nulos resultados, la presidenta tiene que encontrar temas que le permitan no profundizar en su amargura política. Tiene que rascar en las declaraciones de influencers argentinos para poder sacar pecho por su defensa nacional. Tiene que azuzar al nacionalismo mexicanos y entonar el “masiosare” para existir políticamente. La realidad es que Sheinbaum sólo responde a lo que sucede, no tiene ni narrativa ni proyectos sólidos. Incluso, proyectos como el de la vivienda que sonaban bien en 2024, hoy son inexistentes. Incluso su temple inicial frente a Trump, hoy ni siquiera es un factor real de negociación. El T-MEC es un muerto en vida.
La única buena noticia para Sheinbaum es que la oposición sigue sin entender su rol en el México contemporáneo. Que la oposición sigue fragmentada y peleándose por las migajas. Una figura medianamente popular en el México de hoy, metería a Sheinbaum en los problemas que otros gobiernos están enfrentando: la capitalización del malestar por parte de un movimiento político opositor. Sheinbaum ni siquiera ha podido capitalizar el hecho de ser la primera mujer que encabeza la Presidencia del país. Vive con miedo de ejercer el poder, sea porque no quiere meterse con Trump o porque teme que López Obrador desfonde sus intenciones electorales de cara a las intermedias. Es una lástima que Sheinbaum desperdicie su tiempo en tonterías que poco o nada tienen que ver con el México real. Un espejo de que la política no son simples ocurrencias, sino proyectos. Y eso mismo, un proyecto, es de lo que carece Claudia Sheinbaum.