En repetidas ocasiones Bono ha declarado o escrito frases en la dirección de que “Estados Unidos no es sólo un país, es una idea, en la que el mundo entero está investido”, idea que parecería concentrar la burbuja de hipocresía que cada nueva aventura imperial y agresión belicista unilateral por parte de Estados Unidos pareciera volver a reventar. Sin embargo, bien vista y con un sentido distinto del deseado, en el fondo esta visión es acertada, en el sentido de que en efecto no es sólo un país, pues es un imperio cuyos tentáculos alcanzan absolutamente cualquier confín donde consideren pueden sacar algo de provecho. Y es también una idea, que a menudo se sirve incluso de ideas nobles (libertad, democracia, derechos humanos) para servir a la idea de que sus intereses van primero (America First), que son los únicos que cuentan, y no existe escrúpulo ético, moral, económico, o por supuesto de vidas humanas, que haya de interponerse entre la consecución de sus objetivos y cualquier consideración de otro tipo que afecte a cualquier otra nación o grupo de personas.
Así que en efecto es una idea, fundamentada en lo que Morris Berman ha llamado el “excepcionalismo americano”, la noción de ser un pueblo elegido y superior a los demás, que por lo mismo tiene el derecho de subordinar al resto del mundo a sus propios intereses. Por ridícula y anacrónica que pudiera parecer en el mundo actual la doctrina Monroe (“América para los americanos”), en el más reciente documento de seguridad nacional se postula formalmente en el “corolario Trump” que: “Estados Unidos reestablecerá y aplicará por la fuerza la doctrina Monroe para restaurar el dominio estadunidense”. ¿Dónde están aquí las nobles ideas universales que Estados Unidos representaría? Se trata, y siempre se ha tratado, de dinero y de poder, y lo que cambian son las estrategias para procurarlos.
Para dimensionar lo demencial del último exabrupto de ejercicio de poder despótico y asesino (murieron más de 80 personas en la operación), consideremos la noticia que ha circulado de que en Polymarket, que se define como “El más grande mercado mundial de predicciones”, donde se puede apostar a futuros acontecimientos políticos, incluida la captura de Maduro por parte de Estados Unidos, alguien apostó 30 mil dólares pocas horas antes de la incursión, con lo cual obtuvo una ganancia de 408 mil dólares. Existe un enorme peso simbólico en que en primer lugar siquiera exista una plataforma donde se pueda apostar y hacer dinero con sucesos tan siniestros (es como si en una aseguradora uno pudiera apostar y beneficiarse de la muerte de alguien más), y en segundo que seguramente alguien con información de lo que estaba por suceder decidió ganarse unos miles de dólares con algo tan cruento. Es también de suponer que la incursión fue un sábado de madrugada para que los mercados estuvieran cerrados un par de días mientras se aclaraba un poco el panorama post-Maduro, y es muy significativo que a la apertura el lunes han subido de valor los bonos venezolanos y los de su compañía petrolera, cuestión que confirma lo que al menos Trump ha admitido más o menos sin tapujos: que se trata del petróleo y del acceso al mismo, y que si el régimen poblado por las mismas personas que continúan estando en la lista de criminales buscados por el FBI se somete a la voluntad de Estados Unidos, en el fondo no será necesario capturar o asesinar a otros más de sus miembros.
Qué grandiosa idea. Larga vida al imperio americano.