Vivimos uno de los momentos más maravillosos de toda la historia de México.
Sé que no es una época perfecta, que la guerra ideológica está de a peso y que, por lo mismo, las opiniones negativas y la desinformación son lo de hoy.
Pero alguien, dentro de 100 años, hablará de este período con profunda emoción.
Y a las pruebas me remito: la Suprema Corte de Justicia de la Nación acaba de sesionar en Chiapas. Y no sólo eso, reconoció el derecho de nuestros pueblos originarios de autogobernarse.
¿Entiende usted la relevancia de esto?
Sí, yo sé que a lo mejor su vida va por otro lado, que sus preocupaciones son otras, que está sufriendo. Lo respeto. Pero es importante que se sensibilice sobre lo que acaba de ocurrir aquí.
Antes, nuestros ministros eran unas entidades lejanísimas, desconocidas, intocables, muy vinculadas a la burocracia y, peor tantito, a los privilegios.
Hace unos cuantos días, nuestras ministras y ministros salieron de sus instalaciones en el Centro Histórico de la Ciudad de México y se fueron a sesionar a Los Altos de Chiapas.
No lo hicieron delante de la gente. Lo hicieron con la gente, respetando sus hábitos y costumbres. Hasta se vistieron como se viste la gente en ese lugar.
Y con una humildad desconocida por todas y por todos, escucharon, atendieron, resolvieron.
¿Cuándo había visto usted algo así? ¿Quién, en su sano juicio, había imaginado algo como eso?
Fue histórico pero, además, fue hermoso. Yo no sé por qué nadie pidió los derechos para hacer una película.
Me encantaría decir que fue como un sueño convertido en realidad pero la verdad es que como antes las cosas eran tan diferentes, ni en nuestros mejores sueños pudimos haber imaginado algo como lo que ahí sucedió.
Tuvimos la prueba más clara de que este Poder Judicial sí está trabajando. Y no sólo eso, que está trabajando para el pueblo. Para todas y para todos, comenzando por las personas más necesitadas.
¿En qué otra parte del mundo está ocurriendo algo así? ¿Ahora entiende cuando le digo que estamos viviendo momentos maravillosos?
Porque, además, este Poder Judicial fue el que la gente votó, el que la gente pidió.
En resumen: valió la pena todo lo que se movió. Valió la pena todo lo que se votó. ¡Gracias! ¡Felicidades!
Así como la primera mujer presidenta de México se la pasa recorriendo todo el país para mil y un asuntos.
Así como la jefa de gobierno de la Ciudad de México ha establecido una administración de territorio, no de escritorio.
Hugo Aguilar Ortiz y las ministras y los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación están haciendo exactamente lo mismo.
En lugar de irse de viaje de placer al extranjero, poner un sello en un papel y mandar todo hasta dentro de varios años, se pusieron a chambear.
Fue muy relevante, muy simbólico, que su primera jornada en exterior haya sido a una comunidad indígena de Chiapas y, mejor todavía, que haya sido para reconocer su derecho a autogobernarse.
¿Usted cree que esto hubiera podido suceder en los tiempos de Carlos Salinas de Gortari, de Ernesto Zedillo o de Vicente Fox?
El resultado fue tan positivo, tan exitoso que, por supuesto, los enemigos del sistema salieron a atacar, a burlarse.
Ni caso tiene repasar todos esos comentarios ardidísimos, racistas y malintencionados.
Alguien que califica de “teatrito” un acontecimiento histórico mundial como el del 25 y 26 de febrero en Chiapas es alguien que, definitivamente, no está bien. Es alguien que necesita ayuda.
Esta Suprema Corte de Justicia sí está desquitando cada uno de nuestros votos. Esta Suprema Corte de Justicia sí está cambiándolo todo.
Hoy, como nunca, tenemos muchas razones para sentirnos orgullosas, orgullosos, de ella. ¿O usted qué opina?