Una palabra cambia la narrativa. Puede esconder lo que no se quiere decir y disimular lo que sí; enviar un mensaje entre líneas; marcar una distancia y hacer la diferencia entre acusación y defensa. No es una más en un discurso, es la definición entre el escándalo y la mesura.
Pero de un lado, colectivos de búsqueda de desaparecidos lo dicen claro y fuerte: son crematorios clandestinos. Del otro, las autoridades susurran: son depósitos utilizados para la combustión de restos humanos. Tecnicismos que hace mucho dejaron de importar cuando se habla de desaparecidos.
Detrás de ese concepto ocultan la tragedia. Queda en las ruedas de prensa, en los comunicados y en las entrevistas como una fosa más. Una de tantas que encuentran las madres con varillas, picos y palas en terrenos a los que ni siquiera los uniformados y armados por el Estado quieren ir.
Tras recibir una denuncia anónima, activistas encontraron una escena de terror enmarcada por ropa, casquillos y objetos de tortura, en un rancho en la comunidad de Plan de los Rodríguez, en Lagos de Moreno: 16 puntos de inhumación clandestina, con al menos 60 bolsas con restos calcinados, otros tantos que todavía desprendían humo y una pileta con restos y materiales para su incineración.
Las estructuras, dicen las buscadoras, fueron utilizadas como crematorios clandestinos. Para la Fiscalía del Estado, no pueden denominarse así porque tendrían que haberse construido específicamente para ese fin.
Una definición estricta de la que se valen para no reconocer la magnitud de lo que ocurría en ese predio que, según estiman, es más grande que el rancho Izaguirre, en Teuchitlán, donde miles de prendas quedaron como testimonio de quienes fueron víctimas de reclutamiento forzado y hoy siguen sin ser encontrados. Ahí, tampoco hubo crematorios clandestinos, insisten las autoridades. Aunque en el suelo quedó el rastro de ceniza que siembra la duda.
Aunque la palabra se desvanezca entre las versiones oficiales, las buscadoras la sostienen con la misma fuerza con la que toman las palas. Lo que no se nombra no existe… por eso ellas la dicen sin titubear.