Policía

Atlacomulco de fondo

SERIE PERIODÍSTICA MUERTE SÚBITA /CAPÍTULO XIII

El político se convirtió en uno de los principales accionistas de la fábrica de cocinas Quetzal. ESPECIAL
El político se convirtió en uno de los principales accionistas de la fábrica de cocinas Quetzal. ESPECIAL

Arturo Montiel y Maude Versini se comunicaban solamente en español porque el gobernador no estaba interesado en aprender francés. El español fluido que hablaba Maude lo había aprendido entre España y Argentina, donde había vivido por temporadas antes de llegar a México.

A Maude le gustaba la natación, la gimnasia y el atletismo, además del ballet, pero esquiar era su mayor afición. Montiel, pese a que intentó aprender a usar esquís, simplemente no lo consiguió. Para compensar su poca destreza en el deporte favorito de su esposa, el gobernador sorprendió un día al Estado de México al anunciar, en plena Toluca, la creación de un “Centro Internacional de Esquí”, el cual nunca se construyó.

Por su esposa “la gobernadora” sentía devoción, le ofrendaba serenatas de mariachi y le mandaba doscientas rosas blancas cada 22 de mes. La adoración caló en la política pública. Maude apareció en espectaculares y fotos que se regalaban en actos políticos, y con su nombre fue bautizado un hospital de Atlacomulco -municipio natal de Montiel, que da título a su grupo político-, con todo y título: “Lic. Maude Versini de Montiel”.

Además del amor que se demostraban en público Maude y Montiel, en privado la relación también se consolidaba. El 2 de julio de 2003, un año después de su matrimonio, compraron un lujoso departamento en París, con un valor estimado en un millón trescientos mil euros, ubicado en el Barrio 16, el mismo en el que Versini había pasado su infancia.

Para la compra del departamento, la familia Montiel Versini había constituido ante las autoridades francesas la Sociedad Civil Inmobiliaria Les Quatre Vents, una empresa en la cual los dos poseían igualdad de acciones. La "sociedad" se mantuvo realizando adquisiciones "inusuales" en los años siguientes, las cuales fueron detectadas por el Centro de Investigación y Seguridad Nacional, gracias a reportes de la policía francesa, pero nunca se indagaron a profundidad.

Estos reportes indican, por ejemplo, que la sociedad tiene su sede en el número 5 de la Place de la Porte de Passy y que oficialmente quedó inscrita con el número CRS 449138452, con Maude Versini como "gerente". La actividad de la inmobiliaria, según se indica en los documentos, "es la adquisición, la renovación, la construcción, la renta y reventa de todo tipo de bienes inmobiliarios, así como la toma de participación en toda sociedad de Les Quatre Vents y cualquier otra operación que pueda relacionarse directa o indirectamente con este objeto social".

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Leo el periódico de vez en cuando. Supongo que es sobre todo para intentar olvidarme de lo que me ha tocado vivir. Busco noticias de cosas buenas que me hagan olvidar, por ejemplo, aquel torneo internacional de tenis de mesa en Corea del Norte. Trato de olvidar, pero cada vez es más difícil. Las noticias son peores cada día que pasa, tanto aquí en México como en el mundo. El otro día una mujer tiró a la basura a su hijo aquí en Toluca, en Irak están matando a gente en los mercados… Tengo amigos que no leen el periódico nunca. Los comprendo.

Aquella ocasión, en Corea del Norte, estábamos disputando la competencia de dobles en un estadio destartalado en Pyongyang. Recuerdo que esa vez nos quedamos a poco de ganar el torneo. Habíamos pasado toda la mañana y parte de la tarde compitiendo. Yo estaba jugando con la selección de China. Íbamos de favoritos al torneo.

Cuando terminó todo, comenzaron a llegar soldados que nos apuraban para que saliéramos del estadio. Insistían, e insistían demasiado. Tenían mucha prisa pero éramos como cuatrocientas personas las que estábamos en la cancha del estadio, entre técnicos, jugadores, asistentes y demás. En eso que nos apurábamos, comenzaron a llegar soldados marchando y cuidando a un grupo como de veinte o treinta personas que luego supimos eran prisioneros del gobierno: ladrones, políticos, violadores y asesinos.

Entonces supimos por qué querían que nos marcháramos. Iban a matarlos, a fusilarlos, y por eso les urgía que desocupáramos la cancha del estadio. Aún tengo muy claro en mi cabeza el sonido de los balazos que se oyeron, mientras nos subíamos a los autobuses, en el estacionamiento del estadio.

No se me borran cuando leo el periódico. Al contrario, con tantas guerras que hay, vuelvo a escucharlos una y otra vez.

M.P.M.

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En los años cincuenta, controlar la venta de la cerveza y los refrescos de cola en un lugar como Atlacomulco implicaba hacer política al mismo tiempo que se atendían los negocios. Aliarse con el monopolio del PRI era imprescindible para los monopolios comerciales de aquella época.

Por esos años, Gregorio Montiel era el único distribuidor autorizado de las cervecerías Corona y Carta Blanca, además de la Pepsi-Cola. Para atender un negocio así había que estar siempre alerta. Su hijo, Arturo Montiel Rojas, le ayudaba por las tardes a atender el negocio, después de salir de la escuela secundaria número 10, donde recibía clases de Carlos Hank González, entonces un modesto profesor que años después se convertiría en uno de los hombres más poderosos y ricos del país.

Porque prefería los negocios a la política, Gregorio Montiel no se entusiasmó mucho en las ocasiones en las que le tocó trabajar en el gobierno: la primera vez como regidor del ayuntamiento de Atlacomulco, entre 1955-1957 y la segunda como alcalde suplente en el mismo municipio, de 1967 a 1969.

En cambio, su hijo Arturo sí estaba interesado en el mundo de la política. En 1966, un año antes de concluir sus estudios en administración de empresas y contador público, en la UNAM, se afilió al PRI. Su primera misión importante le llegó tres años después, cuando participó como delegado en Aguascalientes en la campaña presidencial de Luis Echeverría, donde conoció a su primera esposa, Paula Yáñez, con quien procreó a Arturo y a Juan Pablo.

A su regreso al Estado de México, fue designado secretario particular del alcalde de Naucalpan, entre 1973 y 1975, siendo presidente municipal interino durante unos meses. Como secretario particular logró un importante ascenso en 1976, al ocupar un cargo, aunque inverosímil, común en México: el de secretario particular del secretario de gobierno del Estado de México.

Después de eso, durante el gobierno de Alfredo del Mazo, Montiel Rojas prefirió dedicarse a la iniciativa privada. Se asoció con Juan Monroy, uno de los pilares de lo que desde aquellos años ya se conocía como el Grupo Atlacomulco. Al tiempo, Montiel se convirtió en uno de los principales accionistas de la fábrica de cocinas integrales Quetzal, ubicada en el parque industrial Atlacomulco, sobre la vialidad principal que hoy lleva el nombre de Arturo Montiel Rojas. La fábrica abrió varias tiendas en Toluca y en el Distrito Federal.

En esos años, Montiel llegó a ser consejero de la Asociación de Industriales del Estado de México y con ese cártel, en 1990, el gobernador Ignacio Pichardo Pagaza lo invitó a dirigir el sector popular priísta y, posteriormente, de 1991 a 1993, a dirigir al PRI estatal, al mismo tiempo que era diputado federal.

Montiel operaba en ese momento a favor de la candidatura de Humberto Lira Mora, un político que se manejaba como el inminente sucesor de Pichardo Pagaza, aunque sería Emilio Chuayffet quien finalmente obtendría la candidatura y luego la gubernatura. Por esos días de regreso a la política, Montiel también se reencontraría con un viejo conocido de Atlacomulco: Isidro Pastor, a quien invitaría a formar parte de su equipo electoral. Del PRI estatal pasó al PRI nacional de la mano de Lira Mora, como subsecretario de Elecciones durante la campaña a la Presidencia de Ernesto Zedillo Ponce de León.

En mayo de 1995, Montiel Rojas se incorporó a la Dirección de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación, invitado por Humberto Lira Mora, quien era subsecretario de la dependencia. De ahí, Montiel pasó a ser director de los Talleres Gráficos de la Nación y luego presidente del PRI en el Estado de México de nueva cuenta, donde obtuvo la candidatura a la gubernatura.

De acuerdo con el historiador Jorge Toribio, en octubre de 1998, el Grupo Atlacomulco se reunió para elegir al nuevo mandatario. Chuayffet vetó a Lira Mora, su viejo enemigo; Hank vetó a Jaime Vázquez Castillo, gente de Chuayffet, y otorgó respaldo a Montiel. Los ex gobernadores Sánchez Colín, Jorge Jiménez Cantú y César Camacho, avalaron la decisión de Hank, no así Pichardo Pagaza y Chuayffet. Del Mazo se quedó al margen.

De esta forma Montiel se convirtió en candidato. En esta nueva aventura política, al igual que en las demás en el PRI nacional y en la Secretaría de Gobernación, Isidro Pastor había acompañado a Arturo Montiel. Otro de los colaboradores que también se integró a la campaña fue Enrique Peña Nieto, quien asumió el puesto de coordinador financiero.

(CONTINUARÁ…)


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Diego Enrique Osorno
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