¿Es el corazón, zona secreta dónde habita el paraíso y el dolor? Hay penas y alegrías que traspasan como espinas la piel, están ahí, se quedan a perpetuidad sin pagar regalías, renta, predial.
Los días de mayo con sus flores celebramos a las madres, las que nos acompañan, también vivimos una orfandad, por las ausentes. Ambivalencia entre la vida y la muerte, luz y oscuridad, festejo y luto. Es como un huapango, la letra nostálgica y la música festiva.
El corazón es un germen simbólico de afectos: amor, caridad, júbilo o tristeza, también de iluminación espiritual, verdad e inteligencia. Sus arterias viven en un sinfín de iconografías nazarenas y paganas, en la poesía, en la música.
Cuco Sánchez le habla como a un amigo y al mismo tiempo maldice a su propio corazón. Ana Clavel con su fina prosa escribe un Breve Tratado del Corazón.
¿Para qué sirven los tratados? En las clases de historia, nos aprendimos los Tratados de Córdoba, de Guadalupe Hidalgo, el de Libre comercio, escritos para poner fin a una guerra, iniciar pactos de cooperación, llegar acuerdos entre naciones.
Ana Clavel, escritora mexicana, escribe un tratado con latidos, con sangre, con muerte y no va sola la acompañan imágenes y apostillas que hacen un entramado literario.
En esta novela se cruzan varias historias, muy cercanas a nuestras vidas: alguien desea suicidarse y en un instante piensa, que no conoce aún El Taj Mahal, un hombre recibe una donación de este órgano y su vida es otra, como si en la misma piel de cordero entrara un lobo, persona distinta, más atrevida, para asombro de toda una familia que lo quiere sentado, como agua simple.
Las historias se entrelazan con la violencia, nada distante de la actualidad. Unos sicarios se equivocaron de víctima, lo saben porque los tatuajes no coinciden. ¿Cómo une estas historias?
En la lectura vamos a presenciar una fuerza narrativa temible en momentos, otra tierna, erótica, va a las profundidades, al misterio, a los deseos. Me seduce su escritura, buscaré “El Amor es hambre” y otros libros de Ana Clavel, que pueden ser un buen regalo, en estos días de obsequios, lágrimas y corazones que laten al son que les toquen.
Carpe Diem.