Policía

La herencia del olvido

ÚLTIMA PARTE DE LA SERIE PERIODÍSTICA “MUERTE SÚBITA”


El entrenador compartió cancha con Maradona. Especial
El entrenador compartió cancha conMaradona. Especial


Mientras tomo un café con Diego Landeiro en la terraza de un céntrico restaurante de Neuquén, los hinchas del equipo local de futbol se acercan a saludarlo y a decirle: “Tú eres el mejor”.

Apenas hace una semana dejó de ser el entrenador del club por diferencias con la directiva. El suceso ha provocado malestar. Landeiro dice que está relajado. Cómo no, si además de las muestras de apoyo, apenas un día antes de que nos encontremos ha compartido cancha con Diego Armando Maradona, el astro argentino, que se encontraba en Neuquén, jugando showbol, junto con otros futbolistas legendarios, como los argentinos Diego Simeone, Alejandro Goicochea y el brasileño Dunga.

“Conocí a Mario por intermedio de su primo Roberto Depietri. Yo era jugador de futbol. Roberto me llevó a México y hasta que conseguí club estuve viviendo con varias personas en Toluca. Ahí estuve prácticamente la primera etapa, un mes, mes y medio. Justo se dio la casualidad de que los dos éramos de aquí, de Neuquén, y empezamos a compartir muchas cosas. Él me ayudó mucho en mi estadía allá en México”.

—¿Cómo era Mario?

—Hubo una química especial con Mario. Creo que los dos somos dos tipos tranquilos y los dos tipos del deporte que amábamos lo que hacíamos. Él con el tenis de mesa, yo con el futbol. Él me ayudó mucho en el tema de los entrenamientos, en la adaptación.

Después de que yo me fui a vivir a Tijuana, a pesar de no haber estado tanto tiempo juntos, la relación siguió y creo que forjamos una amistad muy fuerte.

—¿Cómo era la rutina de Mario? ¿Recuerdas?

—Me acuerdo que se levantaba a las seis de la mañana para iniciar sus clases de tenis de mesa. Regresaba a la casa alrededor de las ocho, me levantaba, desayunábamos e íbamos al Club Toluca, en especial adonde él me ponía a realizar una rutina de entrenamiento. Yo entrenaba con él. Después almorzábamos y por la tarde íbamos a pasear al mall o al cine. Todo era tranquilo, obviamente regresábamos a casa después de cenar por ahí. Nos acostábamos temprano, porque el día comenzaba bien temprano.

—¿Se reunían con más argentinos en Toluca?

—Cuando llegué había varios argentinos jugando en el Toluca, pero también había otro grupo, la familia Dapozzo. Intentábamos juntarnos, comer el típico asado nuestro, compartir charlas, hablar de las cosas de Argentina. A uno cuando está lejos de su país le agarra la nostalgia al recordar momentos que uno revive aquí. Nos llevábamos muy bien. Tratábamos de ayudarnos en lo que podíamos. En especial a mí me ayudaron mucho, que era recién llegado de otro país. Es gente muy buena.

—¿Cómo te enteraste de la muerte de Mario? ¿Alguno de los argentinos en Toluca te avisó?

—No. Me enteré por intermedio de Roberto Depietri, a través de internet, en el chat. Casualmente le pregunté por Mario y me contó esta tragedia. Bueno, la verdad no lo podía creer, quedé realmente impactado.

—¿Qué fue lo que te dijo Depietri que había sucedido?

—Me comentó que habían entrado a asaltar una panadería y como él se había resistido al asalto, ahí lo mataron.

—¿Qué más te dijo?

—Me habló de todos los problemas que tuvo para traer a Mario a Neuquén desde México. Cómo se tuvo que manejar el tema del avión, que el vuelo en sí no vino directo, que se había quedado el cuerpo en otro lado. Todas las cosas que vivió hasta que lo pudo traer aquí, con sus padres.

—¿Qué pensaste al enterarte?

—¿Sabes qué? Me puse a pensar en que uno, inconscientemente, cuando anda por las calles o por cualquier lado, no tiene noción del peligro que hay permanentemente. Uno salía a hablar por teléfono con la familia que estaba aquí en Argentina y no tomaba conciencia de lo peligroso que eran las calles. Pero bueno, por suerte nunca me sucedió nada. A pesar de que estuve en Tijuana, que también es un lugar donde hay que tener cuidado.

 

***

A finales de 2008 le llamo por teléfono a Ottón, hasta Neuquén, para saludarlo y felicitarlo. Le preguntó cómo le fue a sus pupilos en el torneo veraniego de la Patagonia y me dice que bien. Seguimos conversando un poco sobre el clima y el ping pong, hasta que le suelto una pregunta casi tan intrigante para mí: cómo saber a ciencia cierta el motivo por el que fue asesinado Mario.

—Hay muchas cosas que no concuerdan entre los relatos que hacía Mario en Toluca sobre su vida en Argentina, con lo que parece ser la realidad —le digo.

Ottón se queda callado un breve momento.

—Me he enterado de esas cosas por amigos mexicanos, pero no sé. Yo prefiero guardar la buena memoria de un amigo y de una persona excepcional que ya no está.

—¿Mario fue a Irak, a Corea del Norte? ¿Jugó con la selección china, fue campeón del mundo de tenis de mesa?

—Te voy a decir algo: Mario era un gran soñador y, como todo soñador, a veces convertía sus sueños en realidad. Mario hizo realidad algunos sueños y otros no, pero nunca fue un soñador malo. Siempre cumplió sus sueños, aunque sea en sus relatos, para ayudar o para compartir con los demás.

 

***

Arturo Montiel se casó por tercera ocasión el 9 de mayo de 2008 con Norma Meraz, quien sí era periodista, a diferencia de Maude. La celebración de la boda fue en el Club de Golf Los Encinos, una celebración muy austera en comparación con la anterior. Su antiguo secretario particular, Enrique Peña Nieto, gobernador del Estado de México y a la postre presidente de México, no acudió. Revisé una lista parcial de los invitados y llamé a algunos para preguntarles sobre Mario Palacios Montarcé.

Nadie quiso hablar más de un minuto conmigo.

***

En su momento, un día antes de que decidiera terminar esta investigación de varios años, Reyes Mate, un filósofo español al que conocí cuando estudié en Madrid, publicó un artículo en el periódico El País, titulado “La herencia del olvido”.

Me pareció inevitable relacionar lo que el profesor Mate decía con el caso de Mario. Al reflexionar sobre las víctimas de la Guerra Civil española y los “desaparecidos” de Argentina, entre otros casos que hoy en día son examinados por juzgados españoles, Reyes Mate explicaba: “Nadie imaginaba que las víctimas tuvieran algo qué decir. Eran invisibles, o mejor, ‘in-significantes’. La política es de los vivos y con los muertos sólo cabía el gesto piadoso de darles honrosa sepultura. Pues bien, lo que ha cambiado desde 1979 hasta hoy es que los muertos son políticamente significativos y esto no por obra de la creencia en la resurrección de los cuerpos, sino en nombre de una nueva concepción de la justicia. Esta es la novedad. Durante siglos las teorías de la justicia nada quisieron saber del pasado. Desde Aristóteles hasta Habermas o Rawis, pasando por Santo Tomás o Rousseau, la justicia significaba castigar al culpable o reparar el daño al afectado, pero si moría el culpable, no había justicia posible, y si había que juzgar un asesinato, se daba por hecho que la reparación era imposible. Los muertos son el pasado y con lo que ha sido sólo cabe pasar página”.

“Eso es lo que ha cambiado en las dos últimas décadas. La reflexión sobre las víctimas del Holocausto ha colocado en el epicentro de la justicia la significación de las víctimas. Gracias a la memoria se hace presente el pasado. No cualquier pasado, sino el pasado de los vencidos (el de los vencedores siempre está presente). De esta suerte se amplía el campo de la justicia que deja de ser la búsqueda de un equilibrio entre las partes que están presentes, es decir, entre los vivos”.


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Diego Enrique Osorno
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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