Noticia de última hora: Broncoaspiración, alcohol, accidente, palabras que quieren burlar la palabra que ronda en realidad en la muerte de Ariadna Fernanda: feminicidio. Feminicidio es una palabra no muy antigua en el vocabulario oficial. Las instituciones de procuración de justicia aún se estremecen al oírla. Preferirían sostener su rutina con discreción y corrupción, sin asperezas.
El comandante Mancillas, de la Fiscalía de Feminicidios de la CDMX, es un veterano agente policial adaptado a las circunstancias y a los nuevos tiempos. Investiga con determinación una disonancia: la de una víctima que aparece en un lugar al que no pertenece. Ariadna Fernanda es encontrada sin vida en Morelos, pero estaba en la chilanga colonia Roma antes de desaparecer.
Como buen investigador, el comandante detecta que los desplazamientos establecidos en torno a los hechos no tienen lógica. La ubicación del cuerpo es la primera pista desconcertante a indagar. La “solución” que encontró el feminicida para ocultar su crimen, terminará por delatarlo.
Las amigas de Ariadna Fernanda no son detectives, sin embargo poseen una intuición decisiva en el caso. Mancillas las investiga primero pero luego investiga con ellas. Todavía no hay un relato formal ni diligencias oficiales, pero se establecen las últimas horas, los encuentros previos, las ausencias desconcertantes, el absurdo de algunas versiones.
Para este momento, la Fiscalía de la CDMX decide tomar un caso que la Fiscalía de Morelos parece apurada por cerrar y archivar. Con la decisión de la familia de Ariadna Fernanda, se reorganizan los elementos existentes: el cuerpo, las distancias, los tiempos. Y en esa reorganización emerge la violencia que la primera versión intenta borrar.
Dos fiscalías sostienen entonces dos versiones contrapuestas. La discrepancia parece técnica, incluso jurídica, pero en el fondo es también política en el sentido de la disposición o no a investigar. El caso adquiere una dimensión aún más compleja cuando el fiscal de Morelos, Uriel Carmona, es acusado de encubrimiento. Su detención, liberación y nuevas imputaciones no logran, aún en medio del circo politiquero, disipar la ambigüedad.
Las amigas de Ariadna Fernanda continúan aportando su testimonio; la familia persevera en su demanda de esclarecimiento, y el comandante Mancillas no ceja de investigar. Hay ya una presión poderosa que da al caso una dimensión que escapa a la lógica burocrática.
Años después, en estos días, se discute una iniciativa de Ley General de Feminicidios que busca unificar criterios y fortalecer mecanismos de investigación, porque a estas alturas, instituciones de gobierno -ni buena parte de la sociedad- son capaces aún de entender y aceptar lo que es un feminicidio. Feminicidio es lo que sufrió Ariadna Fernanda.