Policía

Yrma Lydya

El testigo protegido relata lo sucedido con detalle. No queda duda alguna de que el autor intelectual y material del feminicidio es Jesús Hernández Alcocer, uno de esos traficantes de influencias enquistados por largo tiempo en las entrañas del sistema judicial chilango. Hombre que sabe cómo aceitar y mover las lentas y torpes maquinarias burocráticas en función de sus intereses pecuniarios o los de sus clientes.

Yrma Lydya está dialogando los acuerdos de su inminente divorcio, repasando además de nueva cuenta las razones de éste a quien en ese momento todavía era su esposo. La evidencia de los hechos indica que el feminicida ya tenía planeado cometer su crimen. Hernández Alcocer la ha citado en el restaurante Suntory de la colonia Del Valle porque ahí se siente más poderoso, más hombre.

Su plan es simple, basado en su noción absoluta de impunidad: transferirle la responsabilidad de su delito a sus escoltas. Ya se hará cargo él luego de hacer que la realidad judicial se amolde una vez más a sus deseos en lugar de los de la ley. Y, si bien les va, sus guardias falsamente confesos tendrán el respectivo aliciente que corresponde.

Pero en esta ocasión los astros no se alinean conforme a lo que quiere Hernández Alcocer. Hay un testigo directo, unos agentes con colmillo, una fiscal de feminicidios con convicciones y una fiscal general que en este caso decide no ceder a presiones de mafias internas ni chantajes hasta de compañerxs del “movimiento”.

En medio del ruido mediático —que en su zona más sórdida el feminicida también sabe aceitar a su favor—, comienzan las diligencias ante el juez. Tenemos aquí una oscura ironía: El abogado defensor del abogado influyente es tan incompetente que hasta da risa.

Poco tiempo después, Hernández Alcocer muere dentro de su celda. En la fiscalía hay una mezcla de incredulidad y molestia. Sí, han bajado la presión y las amenazas, pero queda la sensación de que faltó terminar de procesarlo y sentenciarlo para que la justicia hubiera sido cabal.

La justicia sería completa también si la memoria de Yrma Lydya prevaleciera a nivel popular a través de sus canciones, me dice su mamá al término de una función de La fiscal en Casa del Cine. Habría que escucharla, honrar su hermosa voz aterciopelada, hacer que su canto vital fluya.


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Diego Enrique Osorno
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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